Un barco como casa, diez años por delante y un destino, el Caribe

Dos socios del Club Náutico de Portosín lo dejan todo para vivir navegando

Nicolás y Maite ultiman los preparativos para el viaje que emprenderán el domingo.
Nicolás y Maite ultiman los preparativos para el viaje que emprenderán el domingo.

ribeira / la voz

Muchos son los que sueñan con abandonarlo todo y dedicar su vida a recorrer el mundo, pero pocos son los que se atreven a hacer realidad esa fantasía. Por eso Nicolás Soto y Maite Castro Zahera constituyen una excepción. Esta pareja de compostelanos, cuya pasión por la navegación los llevó hace un cuarto de siglo a convertirse en socios del Club Náutico de Portosín, ha decidido dejarlo todo, convertir un catamarán en su casa y poner rumbo hacia el ansiado Caribe.

Claro está que no tomaron la decisión de un día para otro. Llevan más de veinte años dándole vueltas a una idea que empezó como utopía y en un par de días se hará realidad: «Muchas veces, con nuestros amigos del náutico, hablábamos de que en el año 2000 cruzaríamos el Atlántico», comenta Soto. El cambio de siglo se hizo efectivo y, aunque la idea no se materializó, siguió martillando la cabeza de estos dos aventureros, alimentada por las experiencias que narraban en Internet colegas de sueño de todo el mundo.

Hace unos meses, Nicolás y Maite decidieron que a sus 58 años y con dos hijos de 21 y 25 años prácticamente independizados había llegado el momento: «Nos deshicimos del lastre que nos mantenía atados aquí, vendiendo las propiedades (incluida una farmacia) y comprando nuestra nueva casa». Y esa residencia es un catamarán de 13 metros de eslora y 7 de manga que el domingo partirá del muelle de Portosín con la costa americana como destino.

Panamá, primera parada

Aunque la pareja tiene diseñada una ruta para los diez próximos años, está dispuesta a introducir cambios: «La idea es ir hasta Canarias y después, a finales de noviembre o principios de diciembre, o bien cruzar directamente el Atlántico hasta el Caribe o bajar hasta Cabo Verde para poner desde allí rumbo a Brasil».

Lo que ocurrirá a partir de entonces lo irá dibujando el destino, aunque hay en el continente americano una parada obligatoria, San Blas (Panamá): «Queremos pasar allí dos años, visitando las numerosas y paradisíacas islas, compartiendo nuestras vidas con los indios Kunas, que son los administradores del lugar», explica con entusiasmo Soto.

Dicen estos aventureros que, además de dar rienda suelta a su pasión por el mar y la navegación, buscan con este viaje un cambio de vida, dejando a un lado la sociedad consumista y la filosofía de vivir para trabajar. Nicolás y Maite se marcan de momento un plazo de diez años para hacer realidad su sueño, pero reconocen que no saben aún si este viaje será de ida y vuelta. Ambos aseguran estar dispuestos a dejarse enamorar por el paraíso buscado.

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