Media docena de petroglifos han sido hallados en Baroña en un año

La limpieza del monte, que permite alcanzar zonas hasta ahora inaccesibles, ha facilitado la catalogación de grabados desconocidos


Noia / la voz

En su día, el anterior alcalde de Noia dijo que cada vez que en la localidad se levanta una piedra aparece algún resto histórico relevante, y esto mismo podría aplicarse a lo que ocurre con los petroglifos en Porto do Son, aunque, en este caso, aparecen debajo de la maleza. Mención especial merece la parroquia de Baroña, donde en cuestión de un año, se han localizado al menos media docena de grabados rupestres desconocidos hasta ahora.

Entre los petroglifos hallados, que aún habrá que estudiar en profundidad, hay un par de ellos que destacan por su importancia. El primero, que sí ha sido analizado al detalle por Manuel Mariño y Xoán Guitián, reproduce la figura de un ciervo de unos ochenta centímetros de largo por un metro de alto y llama la atención por su «espectacularidade, é grande, potente e vese moi claramente. Distínguese facilmente desde unha distancia de quince ou vinte metros».

Otro de los últimos hallazgos más llamativos es una estación de un tamaño considerable próxima a otro petroglifo ya conocido, el de A Rastra. En este caso se trata de un conjunto de grandes losas y todas ellas tienen grabados, principalmente combinaciones circulares, aunque se cree que en medio podría haber algún ciervo.

Pendientes de estudio

Estos dos yacimientos son los más destacados de cuantos se han encontrado en los últimos meses, aunque Mariño defiende que «todos son relevantes, cada un ten a súa importancia e hai que concederlla». Grandes o pequeños, todos forman parte del patrimonio arqueológico, así que el investigador sonense aboga por preservarlos y darlos a conocer, al menos, entre los comuneros, propietarios del terreno en el que se localizan: «Patrimonio é moi reticente a que se dean a coñecer polo temor a que sufran actos vandálicos, pero se non se sinalan, aínda que só sexa nun mapa, tampouco se poden conservar. Se se sabe deles é máis difícil que os atravese unha nova pista forestal ou que lles pase por riba unha máquina».

En cuanto a los demás hallazgos realizados últimamente, la mayor parte por casualidad, se contabilizan, al menos, tres piedras en una zona conocida como Ladeira da Pedra Follada, donde se encontró el grabado del ciervo, en las que se han localizado unas cazoletas. Completan la lista dos dibujos aparecidos en una superficie próxima a la zona de A Gurita. En uno de ellos se distingue una figura de un cérvido y el otro es una combinación circular.

La comunidad de montes está haciendo un gran trabajo de sensibilización

La casualidad está detrás de muchos de los hallazgos de restos arqueológicos, y el caso de Baroña no es una excepción. Pero aquí, además, la suerte va de la mano de la labor de concienciación que está realizando la comunidad de montes, que organiza visitas guiadas a los petroglifos localizados en su territorio.

Cuenta el presidente del colectivo, Ovidio Queiruga, que una vez que uno está familiarizado con los grabados, le resulta más fácil buscarlos y encontrarlos: «Se a xente está motivada e lle gusta isto, fíxase máis nas pedras». A ello ayuda también el trabajo que se está haciendo desde la comunidad de montes para mantener limpia de maleza la superficie que gestiona: «O monte agora é mais accesible, ao ter o mato controlado é máis fácil chegar a zonas e pedregueiras ás que antes non se podía».

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