Los talleres clandestinos hacen su agosto con los veraneantes

Los profesionales de la reparación de coches denuncian el intrusismo de negocios sin licencia, que ofrecen tarifas bajas que perjudican al sector


RIBEIRA / la voz

Los talleres de reparación de coches están expuestos a una brutal competencia desleal. Solo en Galicia, y según datos de la Guardia Civil dados a conocer este mismo verano, hay constancia de 148 negocios ilegales que carecen del más mínimo permiso para ejercer dicha actividad. El área de Barbanza no es ajena a esta situación, tal y como quedó demostrado, también este año, tras las inspecciones realizadas por el Seprona y la Guardia Civil a lo largo y ancho de la comarca. El problema es que ahora, en verano, estos talleres, gracias al aumento poblacional provocado por la llegada de turistas, se lucran todavía más con los encargos que reciben de los veraneantes.

Los profesionales que pagan reglamentariamente sus impuestos ponen el grito en el cielo por la pérdida de clientes que optan por estos establecimientos clandestinos, que ofertan unos precios que están por debajo de los fijados por el sector. Las fuentes oficiales consultadas señalan que los visitantes suelen informarse a través de personas oriundas que acostumbran a recomendarles «el taller de un amigo que tiene buenos precios».

La Federación Gallega de Talleres (Fegat) ha trasladado esta casuística -tanto la barbanzana como la que se vive en el resto de la comunidad autonómica- a las Administraciones y a las fuerzas del orden denunciando un intrusismo laboral que afecta al futuro de muchos pequeños negocios que en verano podría tener una mayor facturación. En Barbanza existe un dato que resulta significativo. En los últimos meses se han detectado tres nuevos casos de negocios sin licencia, que hay que sumar a los ya localizados en el primer semestre del curso por agentes del Seprona mientras realizaban un inspección de ámbito comarcal.

Extrabajadores en paro

La crisis, que afectó en gran medida al sector de la automoción en general, dejó en el paro a numerosos mecánicos con años de experiencia en el ramo. Muchos de ellos, al verse sin oficio, optaron por reconvertir los garajes de sus casas u otros recintos para montar un taller. Los contactos ya los tenían de su pasado laboral, por lo que no les resultó muy difícil volver a entrar en el negocio con precios mucho más bajos que los habituales. El motivo resulta evidente, al no tener que pagar impuestos pueden hacer rebajas sustanciales en sus facturas.

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