«Lo que se llega a vivir aquí es el ensayo de una vida a bordo»

Álvaro Sevilla Gómez
Álvaro Sevilla RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

Pérez creó una familia vinculada al CINA, su marido es monitor en la escuela y Aurora, su hija pequeña, juega entre los veleros.
Pérez creó una familia vinculada al CINA, su marido es monitor en la escuela y Aurora, su hija pequeña, juega entre los veleros. Marcos creo

La madrileña finalizará este año su etapa al frente de la entidad sin ánimo de lucro

21 ago 2015 . Actualizado a las 05:15 h.

En 1947, los miembros de la resistencia francesa Philippe y Hélène Viannay crearon la escuela de vela Les Glénans, nombre que tomaron del archipiélago de la Bretaña gala donde comenzaron a domar el viento. El objetivo del matrimonio Viannay era despertar en aquellos huérfanos de la Segunda Guerra Mundial el gusto por la vida. Después de cuatro años condenados al terror, los jóvenes soltaron amarras y se lanzaron al mar. El viento, el incasable silbido de las velas, la brisa marina rozando sus rostros... Por fin volvían a ser libres.

No sería hasta 1968 cuando Pepe Castellote viajó hasta Les Glénans para conocer esta escuela de vela. El vínculo fue instantáneo, tendría que crear una igual en su tierra. A su vuelta, varios monitores franceses lo acompañaron hasta A Illa de Arousa, donde crearon el Centro Internacional de Navegación de Arousa (CINA). En 1984 soltaron amarras y dejaron la isla para mudarse a O Chazo, en Boiro, donde 31 años después siguen inculcando la pasión por la vela. Aurora Pérez de la Cruz es su actual presidenta, comenzó en el CINA de casualidad y no ha podido desligarse de esa sensación de libertad que solo siente en alta mar.

-¿Cómo llega hasta Boiro para comenzar a navegar?

-Siempre me interesó la navegación, la vela, el mar... El primer verano que tuve de vacaciones pregunté a toda la gente que conocía si sabía donde podía hacerlo. Quería una escuela de vela con personalidad, diferente a las típicas de los clubes náuticos. Un día, mientras trabajaba en el quirófano, una compañera abrió un ventanuco y me dijo: «CINA, como cine pero terminado en A». Cerró el ventanuco al instante y me quedé pensando. Miré en Internet y aparecí aquí. La primera semana fue una locura, era como estar en el paraíso.

-Volvió, ¿pero qué la atrapó?

-Me vicié a la vela, es muy adictiva. En O Chazo hice grandes amistades, incluso conocí aquí a Fernando, mi marido. El era monitor y sin darme cuenta se convirtió en mi compañero de vida. La vela es libertad, te obliga a despertar tu ingenio. Tienes que adelantarte en cada momento. Una vez que empiezas a navegar siempre quieres más, te ofrece una variedad enorme de posibilidades y es imposible aburrirte.

-¿Qué relación tiene con el mar?

-Respeto el mar, por mucho que aprendes nunca lo sabes todo. Te sorprende constantemente, por lo que te exige concentración. Al contrario de lo que mucho creen, no se trata de una lucha, es un camino que haces en su compañía, donde siempre tienes que respetarlo.

-Después de once años se convierte en presidenta, ¿cómo valora esta cara del CINA?

-Es muy cansando. Nunca he concebido esto como un juego. Hemos creído que era necesario hacer reformas y estoy orgullosa de poder decir que he cumplido con todo lo que prometí. Se realizaron reformas en la base, se renovó la flota, se actualizó la didáctica de navegación y se ajustaron las cuentas. Te llevas palos, pero conseguimos sacar adelante nuestro trabajo.

-¿Qué fue lo más complicado?

-Parece que el CINA va sobre ruedas pero esconde muchas horas de trabajo. Hay que gestionar seguros, permisos, cuidar la base, crear listados de cursos y monitores. Tuve la suerte de contar con gente que viene a los cursos que son abogados, economistas... Siempre te echan una mano para solucionar los problemas.

-¿Qué hace que la gente regrese?

-Este es un paraje único, pero los cursos ayudan. Son itinerarios de siete a diez días donde cerca de una veintena de personas conviven en pocos metros. Desayunan, se duchan, navegan, comen y duermen juntas. Se hacen amistades, se generan grupos y se crean vínculos fuertes. Lo que se llega a vivir aquí es el ensayo de una vida a bordo, donde es imposible escapar si hay un problema, y donde siempre tienes alguien que te echa una mano.

-El ambiente es envidiable

-Hay una rutina marcada pero nunca te sientes dentro de ella. La conexión con la naturaleza y con los compañeros es brutal. La sensación de libertad es inmensa. Este es un ocio muy sano, tanto para el cuerpo para la cabeza.

-¿Cuál es el siguiente reto?

-Llevamos mucho tiempo queriendo que el CINA esté abierto durante todo el año. Espero que la próxima directiva mantenga esa determinación. Es necesario que la gente local se involucre. Necesitamos unos pocos monitores que aprovechen esta infraestructura y que realicen cursos durante el resto del año.

Aurora Pérez de la Cruz: Presidenta del centro internacional de navegación de Arousa