El «Paquitón» que frenó el chapapote

Tripulación y barco realizaron un papel clave para atenuar la marea negra


RIBEIRA / LA VOZ

A cuarenta metros de profundidad, en un fondo arenoso y en posición natural, es decir, posado sobre la quilla, descansa el Paquito Nº Dos muy cerca del faro de Corrubedo. Puede que esté a la espera de una decisión para reflotarlo y que vuelva a navegar, o que, finalmente, pase a formar parte de los pecios que encontraron su cementerio en las inmediaciones. De la misma forma que sus malogrados tripulantes tenían unas vidas y sus respectivas historias y circunstancias, la nave no les iba a la zaga. Todos, las víctimas, los que se salvaron, la casa armadora y el propio barco, forjaron historias que las cuatro atmósferas de presión que soporta el pecio no pueden ocultar.

El barco se incorporó a la flota mejillonera de Cabo de Cruz en el año 1994, recién llegado del astillero. La casa armadora es la empresa Paquito S. L., fundada por Francisco López Silva. Tiene 18,6 metros de eslora y su casco es de acero. Cuando irrumpió en la rada portuaria de la parroquia de O Castro, muchos bateeiros creyeron leer en su visera Paquitón, dada la proximidad de la sigla «ene» -de la abreviatura Nº - a la «o» de Paquito. Esta anécdota sumada al tamaño general del buque popularizó entre los productores de mejillón el nombre de Paquitón, en lugar de Paquito Nº Dos, que es el que figura en la visera.

El «Prestige»

Anécdota aparte, tanto el buque como sus tripulantes tuvieron un papel protagonista en un momento clave de la historia reciente de las costas gallegas. Fue en los primeros días del mes de diciembre del 2002 cuando desde Madrid se negaba la existencia de una marea negra, provocada por el hundimiento del Prestige, que este y otros barcos corroboraban en alta mar frente a Aguiño.

El barco mejillonero que patroneaba Germán Fernández Triñanes fue uno de los primeros que salió al encuentro del chapapote usando su grúa como cuchara y depositando el combustible en contenedores que llevaba en la cubierta, para descargarlos en el puerto.

No fue el Paquito Nº Dos uno más en aquella acción, sino uno de los que más. Su dedicación y la de otros barcos y tripulaciones de Arousa norte nunca fue reconocida en su justa medida, a pesar de que fue clave para proteger a la primera productora mundial de mejillones, que no es otra que la ría de Arousa.

El Paquito Nº Dos siempre estuvo a disposición de procesiones marítimas, tanto para participar en ellas llevando la imagen de la Virgen del Carmen, como permitiendo el acceso a las personas que querían seguir de cerca los desfiles. Era un fijo en las de Cabo de Cruz y de Escarabote, entre otras.

El barco mejillonero fue también punto de encuentro de diversas personalidades, entre ellas Manuel Fraga Iribarne. El entonces presidente de la Xunta de Galicia era un gran aficionado a la pesca y cada verano acudía a Boiro para disfrutar de una jornada capturando fanecas con liña en medio de la ría.

El Paquito Nº Dos jugaba un papel auxiliar, ya que en su cubierta se servía la comida una vez finalizada la actividad pesquera.

TRAGEDIA EN EL MAR

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