Abrazos a prueba de desgracias

El dolor llegó sin que nadie lo invitase a Corrubedo: el cariño lo pusieron decenas de personas

En el muelle de Ribeira hubo tristeza total
En el muelle de Ribeira hubo tristeza total

ribeira / la voz

En Corrubedo hacía falta entereza ayer. Y la hubo desde el primer momento. Por la mañana, cuando ni siquiera se había localizado el barco y poco más se podía hacer que mirar cómo las embarcaciones de Salvamento Marítimo serpenteaban la costa, se imponía una norma no escrita para tener rodeados en todo momento a los familiares más cercanos de los desaparecidos. Así, el hijo de Santiago, nunca dejó de tener a jóvenes a su alrededor. Se le veía sereno, pero muy afectado. Rompió a llorar cuando se conoció la noticia de que había aparecido un cuerpo. Y los abrazos lo apretaron entonces.

Esos mismos gestos de cariño se dieron también, a lo largo de toda la jornada, con algunos de los hermanos de Germán. Uno de ellos, con un walkie-talkie en la mano, se convirtió en el centro de muchas miradas. Todo el mundo estaba pendiente de él, porque todo el mundo deseaba que por ese aparato llegasen noticias de los náufragos. Posiblemente, a él fue a quien le tocó una de las papeletas más difíciles. Fue él quien se subió a bordo para reconocer el cadáver que apareció, que era el de su hermano. Mientras, gran parte de su familia esperaba rota de dolor.

No eran los únicos con las miradas hundidas. También lo estaba la hermana de Antonio, o Raulito, como en realidad le conocía todo el mundo. De ella se acordaban a cada paso en el faro de Corrubedo. «Ela queda soa, era a familia que tiña», señalaban.

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