De la arena de Baroña a la del desierto egipcio

Miguel Ángel López dejó el castro de Porto do Son en octubre y puso rumbo a Luxor, donde levantó dos colosos del templo de Amenofis III


Noia / La Voz

Un viaje de ida y vuelta es el que realiza a Egipto todos los años, desde el 2004, el conservador y arqueólogo Miguel Ángel López Marcos. Es uno de los responsables de la metamorfosis que ha experimentado el castro de Baroña tras las últimas intervenciones. Después de la actuación realizada en octubre, dejó la arena de Barbanza para adentrarse en el desierto y ejecutar «la mayor reconstrucción colosal del mundo».

El domingo se puso el punto y final a una exitosa campaña que comenzó a principios de noviembre con un objetivo claro: reconstruir y poner en pie el segundo de los dos colosos que flanquean la entrada norte del templo funerario de Amenofis III en Luxor. Miguel Ángel López lleva una década trabajando como responsable de la dirección técnica de la reconstrucción de los colosos y son siete las estatuas que se han recuperado en el marco de este proyecto. Con este trabajo, además de lograr que estos colosos luzcan como hace miles de años, se está «cambiando toda la fisonomía del Valle de los Reyes, se ven desde todas partes y constituyen nuevos puntos de referencia para los turistas».

Pero, de momento, habrá que esperar para ver de cerca las impresionantes estatuas puesto que todavía falta mucho por hacer y solo se permiten visitas con permisos especiales. En enero, López Marcos volverá a Egipto para levantar un nuevo coloso, y luego quedarán dos más de alabastro -de entre 150 y 300 toneladas de peso- para dar por acabado el trabajo de musealización y poder abrir el recinto al público.

Ahora está de vuelta en España, donde se tomará un descanso después de un mes y medio intenso: «Hicimos la reconstrucción en un tiempo récord, estuvimos concentrados solo en ese coloso para poder acabar este año». Él, y el equipo de cuarenta personas con el que trabajó, lograron poner en pie una estatua de 110 toneladas y 14 metros de altura, la más alta de las erigidas hasta el momento.

Reconstrucción complicada

En el año 1200 antes de Cristo, un terremoto derrumbó e hizo pedazos los colosos. Los que flanquean la entrada norte del templo quedaron en una zona inundable afectada por el nivel freático del Nilo, lo que afectó a su conservación y complicó su rescate, obligando a idear «un complejo sistema de polipastos y cojines de aire comprimido para mover bloques de hasta 42 toneladas». Además, la última estatua levantada tenía muchas fisuras y fracturas, y faltaban muchas referencias para orientarla. La parte más delicada era la de los tobillos, donde se aplicaron unas prótesis de resina para lograr que el coloso aguantase todo su peso sin caerse.

Aunque la envergadura de las actuaciones que lleva a cabo en Luxor nada tienen que ver con las de Baroña, Miguel Ángel López espera volver a trabajar en Porto do Son: «Al final todo son piedras, y, aunque en cuanto a proporción la diferencia es notable porque las esculturas egipcias son enormes, cada yacimiento tiene su importancia. Eso sí, me quedo con el paisaje de Baroña. La ubicación del castro es muy característica, no hay nada que se le parezca».

Confía en regresar para continuar con la puesta en valor del yacimiento en el 2015. La nueva actuación en el asentamiento salió a licitación y el concurso aún está por resolver: «A ver si tenemos suerte», señala antes de explicar cuál es el plan para el castro sonense: «La idea es recuperar la parte de la muralla que falta, habrá que excavarla y luego hacer la consolidación para evitar derrumbes. Baroña es un yacimiento muy monumental que ha estado ninguneado, hay que devolverle la dignidad».

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