Un vial de lujo en tiempos de recortes

La mejora hecha en el trazado que va de Oleiros a Corrubedo, que costó 3,3 millones, contrasta con la racanería en otros sitios, donde se asfalta a trozos


Ribeira / la voz

De un tiempo a esta parte, con las Administraciones metiendo tijera aquí y allá, los conductores se fueron acostumbrado a imágenes antes insólitas. Se empezó a reparar los viales a trocitos. En la comarca hay ejemplos evidentes de ello. El año pasado, en el kilómetro y medio de carretera que va desde el puente de Catoira a la entrada de la autovía se pusieron 21 remiendos de asfalto en vez de aglomerar en condiciones la carretera. Y lo mismo ocurrió este verano con el vial que conecta Barbanza con el sur de la ría a través del municipio de Catoira, cuyo aglomerado, hecho a cachos, parece un mosaico. El caso es que, en ese panorama de racanería, hay obras que llaman la atención por todo lo contrario: porque su aspecto es envidiable. Es el caso del vial que va desde Oleiros a Corrubedo, cuya mejora está a punto de terminar.

La carretera está irreconocible con respecto a antes de la obra. Lo dicen los vecinos, que están encantados con la renovada infraestructura y que todavía no dan crédito a lo bien que quedó la calzada que rodea sus casas con respecto a otras muchas que hay en la zona, y se comprueba con hacer un único viaje por ella. Al trazado, tras una inversión de 3,3 millones de euros, no le falta detalle alguno. El aglomerado, por descontado, está nuevo y la señalización recién pintada. Asimismo, se mejoró la seguridad viaria en algunos cruces, habilitando, ahí es nada, cambios de sentido con carril central. También, en los primeros kilómetros -yendo de Oleiros hacia Corrubedo- se ensanchó el trazado, pasándose de los cinco metros de calzada a los siete, lo que obligó también a ampliar el puente sobre el río Artes, un viaducto al que se le dio una solución estética hermosa a la vista.

Los peatones

Teniendo en cuenta todas estas mejoras, y tratándose de un vial que encadena recta tras recta, uno viaja desde la rotonda del hospital hacia la tierra de las dunas con la sensación de que va en una carretera de primera. Esa percepción, la de que la obra no se dejó nada importante por el camino, probablemente la tengan también quienes la recorran como peatones. Resulta que buena parte del trazado ya contaba con aceras a un lado -a las que, por cierto, de paso que se actuó se podría haber limpiado la maleza-. Pero la Xunta dotó a toda la carretera de un itinerario peatonal continuo, construyendo nuevos pasos en algunos sitios, una senda de aglomerado rojo en otros y una pasarela de madera en varias zonas. Conclusión: en buena parte de la carretera se puede caminar con seguridad por los dos lados. Ayer, a media mañana, nadie lo hacía. Pero al preguntar a algún vecino que salía de su casa, señalaba: «Si que se usan as beirarrúas, a ver se duran, porque esas de color rubio moi fortes non parecen». El tiempo dirá.

De momento, la carretera luce espectacular. Tanto, que uno acaba animándose a recorrerla entera. Y conduce hasta el faro de Corrubedo. Tampoco la estrecha pista hacia este lugar tiene ya los baches de antaño. Su asfaltado está impoluto. Así que uno puede recrear la vista en el bravo mar sin que el coche vaya a saltos. Pena que, justo en la zona más bonita, un cartel publicitario en la naturaleza empañe la cosa. Pero eso ya es otra historia.

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