Un boirense de 1,95 que despunta

En un visto y no visto se ha colado en la élite de una disciplina a la que llegó por casualidad


Ribeira / la voz

Su 1,95 de altura y sus más de dos metros de envergadura impresionan. Su trayectoria profesional, todavía más. En apenas siete años ha pasado de no haber tocado un balón de vóley en su vida a jugar en la élite. Y no solo eso. En su primera temporada en el Unicaja Almería se ha convertido en uno de los puntales del equipo que acaba de quedar subcampeón de Superliga, lo que vendría a ser la Primera División si hablásemos de fútbol, y campeón de la Copa del Rey. Y es de Boiro. Se llama Pablo Bugallo y conviene no olvidar su nombre porque apunta alto, muy alto.

Por lo pronto, ya ha entrado en alguna convocatoria de la selección española absoluta, aunque no ha logrado colarse en el equipo que este fin de semana está disputando el torneo de clasificación para el Campeonato de Europa. Todo se andará, porque al chico -tiene apenas 22 primaveras- no le faltan ni cualidades ni ambición. Su sueño a largo plazo es, ni más ni menos, que estar en los Juegos Olímpicos de Río: «Coido que é o soño de calquera deportista, pero é moi difícil. Agora véxoo aínda moi lonxe, pero cando estás na elite sempre tes que dar un paso máis, hai que ser inconformista».

Pese a que con su salto supera los tres metros, Pablo tiene los pies bien plantados en el suelo, sabe que hay que ir paso a paso -un lema tan de moda últimamente-, por eso, ahora, su meta es «chegar a debutar coa selección absoluta». Sí jugó en el combinado nacional júnior, logrando el quinto puesto en los Europeos de Bielorrusia y Holanda y en el Mundial de Italia.

Con estos datos, cualquiera pensaría que Bugallo nació para jugar al voleibol, pero lo cierto es que fueron su estatura y sus compañeros de instituto los que le animaron a probar una de las pocas disciplinas que no practicaba. Jugaba al fútbol, remaba y también hacía taekuondo, hasta que el vóley se cruzó.

Proyección meteórica

Tenía entonces 15 años, se enganchó y unos meses más tarde ya jugaba con la selección gallega. Le vieron entonces los ojeadores de las categorías inferiores del combinado nacional, y con apenas 16 años abandonó el nido para poner rumbo al centro de alto rendimiento de Palencia. Tras dos temporadas en el Numancia de Soria, en el 2013 llegó a Almería, donde ha vivido un año «case inmellorable. Individualmente foi a miña mellor tempada sen dúbida, e a nivel colectivo tamén foi moi boa. Que me convocasen coa selección foi xa o broche de ouro. Estar nesa lista, entre os mellores xogadores de España, é moi importante e unha motivación para seguir traballando».

También le animan a seguir entrenando reconocimientos como figurar en el siete ideal de la Federación Española de Voleibol al finalizar la liga regular o haber sido reconocido como el mejor jugador de la Copa del Rey: «Non o esperaba para nada. Non eramos nin os favoritos para gañar a copa. En semifinais atopámonos co Teruel e xa case lles daban por gañada a eliminatoria a eles... Cando escoitei o meu nome non o cría, é un honor. Teño na habitación o balón do torneo e o trofeo nun pequeno altar, gardareino coma un tesouro».

Cuenta que la vida del deportista de élite no es tan ideal como puede parecer y que exige sacrificio, pero no se queja, porque se codea con algunos de sus ídolos: «Cando empezas soñas con alcanzar o máximo nivel e agora estou xogando con e contra xente que vía na tele, que ten títulos e títulos a todos os niveis... Os primeiros días, cando chegaba ao vestiario case me daban ganas de pedir unha foto con eles. É unha experiencia moi bonita».

Pablo Bugallo Jugador de voleibol

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