Un chef con reconocimiento nacional

El premio estatal de gastronomía 2011 busca fogones para trabajar el producto gallego


ribeira / la voz

Tenía 14 años cuando, desafiando la voluntad de sus padres, Kike Piñeiro probó el mundo de la hostelería en un local de Cabío. Tanto le gustó que, ese mismo verano, decidió que su futuro pasaba, irremediablemente, por los fogones, «una profesión esclava pero a la vez, bonita». Desde entonces, no ha parado. Ha recorrido, con su gorro de chef, media España e incluso ha realizado alguna que otra incursión en la cocina internacional. Atesora, además, el Premio Nacional de Gastronomía 2011/2012.

Pero el suyo no ha sido un camino fácil de recorrer. Méritos culinarios aparte, este pobrense es un ejemplo de esfuerzo constante y superación. Sus padres, como todos, querían para él una carrera «de las de verdad», pero tan claro tenía Piñeiro que lo suyo eran las ollas y las sartenes que no dudó en alternar el trabajo con los estudios para poder hacer frente a los gastos de su estancia en Santiago y formarse en el Lamas de Abade.

En pleno período educativo, una grave enfermedad le obligó a dejarlo todo. Fue un parón temporal que él denomina «punto de inflexión». Y es que cuando regresó al ruedo gastronómico, lo hizo con más fuerza que nunca: «Nese momento empecei a valorar máis as cousas e a cociña fíxose paixón».

Volvió a los estudios, con más fuerza y mejores resultados, pero reconoce que la escuela de verdad, donde realmente aprendió los secretos de la cocina, fue el mundo laboral. Y el suyo, pese a los 35 años que tiene, fue intenso. Tras pasar por el Moncho Vilas, el Pazo Bendoiro de Lalín o el Meliá, aterrizó en Paradores de Turismo, concretamente en el Hostal dos Reis Católicos. La estancia en el establecimiento hostelero emblemático de Compostela marcó su carrera, pues Kike Piñeiro aprovechó los once años que pasó allí para seguir estudiando. Primero, un par de años de preparación interna y luego, tres más para ascender a jefe de cocina.

Exhibición en Ámsterdam

Llegó el momento de seguir creciendo y el pobrense decidió volar en solitario. San Sebastián, Gijón, León, Salamanca... Fueron muchos los destinos de este maestro de los fogones durante los últimos años; el último, Ámsterdam. En el pasado mes de noviembre, Piñeiro participó en la Feria del Vino de la capital holandesa, interpretando platos propios de diferentes países e integrando en ellos los mejores caldos.

En Barbanza, es frecuente verlo en los show cooking, las exhibiciones gastronómicas que tan de moda están y que se desarrollaron, por ejemplo, durante la Feira de Tapas de Noia o en el Artemar de Ribeira. El pobrense es, a día de hoy, un freelance de la cocina, pero no oculta que su sueño es encontrar unos fogones estables en los que poder desarrollar su proyecto culinario: «Mi prioridad es encontrar un proyecto con un encanto especial en el que poder trabajar de verdad los productos gallegos y defender su calidad». Está convencido de que, para dar lo mejor de sí, el percebe de Aguiño, el mejillón de Cabo o el berberecho de Noia tienen que estar en su nevera: «No existe un buen cocinero si no existe un buen producto. En los restaurantes en los que se come bien es porque se compra bien».

Kike Piñeiro asegura que las mejores ofertas le llegan de fuera de Galicia, pero él sabe que la materia prima por excelencia se encuentra aquí y quiere sacarle el máximo partido.

kike piñeiro cocinero

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