Los socorristas rescataron a 24 personas del mar este verano

María Hermida
María Hermida RIBEIRA / LA VOZ

BARBANZA

MARCOS CREO

Solo en las playas ribeirenses se atendieron ya 648 picaduras de fanecas

18 ago 2013 . Actualizado a las 07:00 h.

Casi siempre que se habla de playas y servicios de socorrismo suele ser porque ocurre una desgracia en un arenal. De hecho, este año, lo que ocupó titulares fueron los tres fallecimientos sucedidos en las playas barbanzanas desde que empezó la campaña estival, dos por ahogamientos en Ribeira y O Son y uno más por un posible corte de digestión en Boiro. Sin embargo, más allá de estos trágicos casos, hay también una larga lista de sucesos con final feliz. Se trata de personas a las que los socorristas lograron salvarles la vida o, al menos, librarles de un buen apuro en el agua. Este año van ya 24 rescates.

El lugar donde los socorristas sacaron a más gente del agua es Ribeira, con 13 percances. Le siguen Carnota y Porto do Son. En buena parte de los casos el problema es que los bañistas se confían demasiado en zonas que no conocen bien y a los pocos minutos se dan cuenta de que no pueden volver a tierra. También hay casos en los que directamente se desobedecen las indicaciones de los vigilantes o la bandera roja que indica la peligrosidad del mar. Por último, también hay algunos rescates relacionados con mareos u otras indisposiciones.

En Ribeira, los socorristas están haciendo algo tan novedoso como positivo. Se trata de acciones preventivas. Es decir, si ven que algún bañista puede correr un apuro, antes de que requiera su ayuda, van ya a por él o por lo menos a indicarle el riesgo que está corriendo. Hace unos días se vio que unos críos iban hacia la zona de la Lagoa de Carregal, y que quizás tuviesen problemas. ¡Y menos mal que los socorristas fueron previsores! Dos de los muchachos apenas sabían nadar y a otro más le dio un tirón cuando intentaba volver a tierra y tuvo que ir agarrado a un salvavidas. Los socorristas, los de todos los municipios, alertan también del peligro que suponen los hinchables cuando no se utilizan en zonas seguras.