Un campo para las cabras

El Lira lleva un año jugando en Lombáns, al estar Portocubelo impracticable


ribeira / la voz

El fútbol es el deporte por excelencia. Es seguido y practicado por millones de aficionados. En Barbanza, hay decenas de equipos federados y no hay municipio que no cuente, al menos, con un campo para poder practicar esta actividad deportiva. Para poder jugar solo es necesario una pelota y un campo. Eso sí, a veces no es fácil contar con un terreno de juego en condiciones. Y si no que se lo pregunten al Lira, equipo de la Tercera Autonómica que hace más de un año tuvo que clausurar el estadio de Portocubelo por no poder disputar sus encuentros porque está impracticable.

Y es que su estado es deplorable. Infame. Puede ser cualquier cosa menos un campo de fútbol. Eso sí, se parece algo porque en el interior todavía quedan dos porterías y unos banquillos.

Los vecinos de la parroquia ya no pueden alegrarse o cabrearse con los éxitos o los fracasos de sus jugadores. La directiva del club no tuvo más remedio que solicitar autorización al Concello de Carnota para utilizar el recinto municipal de Lombáns, más moderno y con un césped de hierba artificial.

Un patatal

El presidente del club, Suso López, reconoce que la decisión de trasladarse a Lombáns fue muy dura, pero «non quedou outra». El campo de las grandes gestas de la parroquia es un auténtico patatal. Lleno de surcos, agujeros y todo tipo de hierbajos. Es cualquier cosa menos un terreno de juego para la práctica del fútbol.

En su interior, incluso llegaron a meter ovejas durante seis meses para que la hierba no se apoderase de todo el recinto.

Poner la cancha mínimamente decente para la práctica de este deporte no es fácil, y menos para un equipo cuya subsistencia es muy dura y con apenas recursos económicos. Levantar el firme, echarle tierra y sembrarlo tiene un coste de unos 20.000 euros, una cantidad imposible para el club. El Concello está dispuesto a colaborar, pero «nada de poñer cartos», con material o personal.

Hace unos diez años, el Lira tenía un terreno de juego muy coqueto y en excelentes condiciones. Acababan de repararlo y dotarlo de hierba natural. Estaba en perfectas condiciones para la práctica del futbol. Tanto jugadores como aficionados y directivos presumían de contar con una cancha recién remozada en la que sus deportistas podrían defender con dignidad los colores de su equipo.

Chapapote

Pero la felicidad duró muy poco. Con tan solo un par de partidos disputados esa temporada, apareció por la costa gallega un barco de infausto recuerdo, el Prestige. Su carga, cientos de toneladas de chapapote llegaron a las costas y una buena parte de la misma alcanzó Carnota.

El campo de Portocubelo fue utilizado como centro de operaciones. En el recinto entraron camiones y todo tipo de maquinaria pesada. Incluso fue utilizado como helipuerto. El firme quedó impracticable, la hierba desapareció.

Un terreno de juego totalmente destrozado provocó una intervención de urgencia. Pero en vez de mejorar su estado, lo que hizo fue precisamente lo contrario. Tras pisarlo, por encima le echaron arcilla. Ya no se recuperó más a pesar de los numerosos intentos por parte de la directiva del Lira. Ahora, el club ya está trabajando en la próxima temporada y un año más, deberán jugar sus partidos en Lombáns. El campo de Portocubelo seguirá esperando.

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