La vida, con la mirada puesta en lo ya disfrutado, se puede considerar un cúmulo de experiencias y recuerdos. A la hora de archivarlos, el ser humano tiende a primar lo que le ha causado satisfacción y alegría sobre los hechos que le provocaron frustración o tristeza. Por eso, salvo en casos de especial dureza, tendemos siempre a evocar pasajes positivos y a olvidarnos de los negativos.
La noche de san Juan me trae multitud de recuerdos de fiesta con los amigos, de bromas y, sobre todo, de diversión. La lista de las anécdotas ocurridas en esa noche mágica es tan larga como las horas de luz del día que la precede. Siempre hay un momento, cuando la charla alrededor de la hoguera se hace más íntima, para volver a traer a colación las historias vividas por los contertulios. Inexorablemente nos volveremos a emocionar contando esas experiencias a las que, para el año, se sumarán las de este.
Donde se reúne tanta gente siempre ocurren hechos para el recuerdo: un salto de hoguera mal calculado, alguien que normalmente no bebe y se pone simpático con la queimada, una broma bien urdida y mejor ejecutada, los fallos y aciertos en la preparación de las sardinas o el churrasco? También están las múltiples relaciones surgidas al amparo de la noche más fugaz del año, pero esas se contarán menos.
No es aventurado afirmar que es una de las noches del año donde más socializamos, con el atractivo de que lo hacemos de puertas para afuera. Nos reunimos con amigos, vecinos o familiares. Como en las Navidades, pero sin frio ni discusiones familiares. Como en las fiestas patronales, pero con un grupo más reducido y de mayor complicidad.
Es la jornada de las tradiciones, del agua y del fuego. También es la noche de las bromas, que algunos confunden fácilmente con los desmanes. Ya se sabe que los cenutrios y necios lo son a tiempo completo, pero en esta noche se aplican más. Es triste que de una tradición divertida, con ingenio y de riesgo calculado, se pase en ocasiones a la vulgar gamberrada. Son pocos aunque pueden dañar o poner en riesgo a muchos. Pero estos casos aislados tampoco pueden ser utilizados como excusa para prohibir o limitar de forma general.
Ahora más que nunca necesitamos relacionarnos y hablar, hacer un paréntesis en nuestra estresada existencia. Esta noche participe, diviértase. Déjese llevar por su lado más lúdico. Recolecte y ponga a macerar las hierbas de san Juan antes de la puesta de sol, junte la leña para la hoguera, haga provisión de sardinas o carne (que sale más a cuenta), y disfrútelo todo en buena compañía. No le haga ascos a una buena queimada y menos a la charla posterior. Salte con cuidado la hoguera tres, seis, nueve o las veces que le pida el cuerpo. Disfrute de una buena noche, sin miedo a trasnochar que mañana es festivo. Cuando se levante deléitese al lavar la cara con el agua olorosa que se mantuvo al rocío ¡Ah! Y ya puestos no se olvide de felicitar a cuanto Juan o Juana se le cruce en el camino.