La flota barbanzana perdió 1.250 unidades desde 1994

En los últimos 17 años desaparecieron el 40% de las embarcaciones


ribeira / la voz

Cada vez hay menos embarcaciones en los puertos barbanzanos, al menos de pesca. En los últimos tiempos, la única flota que crece es la de recreo, una apuesta firme de la Administración gallega por potenciar una actividad lúdica con la finalidad de atraer turismo a las localidades costeras. Mientras, cada vez hay menos armadores y marineros. En la comarca barbanzana, el número de unidades desciende a pasos agigantados. En los últimos 17 años se perdieron sobre un 40% de barcos, pues, según datos de la Consellería do Mar, en 1994 había 3.075. Esta misma semana, la cifra bajó a los 1.825.

Y es que el mar ya no atrae. Con el paso de los años, la profesión de marinero, que era de las más remuneradas, poco a poco fue perdiendo poder adquisitivo y los jóvenes buscaron otras alternativas lejos del agua salada y de los peligros que conlleva uno de los oficios más duros del mundo.

Las flotas del arrastre de Muros y Ribeira eran las más importantes de Galicia. Mientras en Santa Uxía hace casi un cuarto de siglo el número de embarcaciones superaba el medio centenar, en la actualidad en el puerto de la capital de Barbanza están censadas solo treinta. Un importante descenso que provocó que el número de tripulantes se redujese también de forma considerable.

La caída de la flota arrastrera también se hizo notar en el puerto muradano. El armador de esta localidad, Juan García González, explicó que no hace tanto tiempo recuerda que cada día atracaban en la dársena del municipio veintidós unidades. El censo actual está compuesto por tan solo nueve barcos.

Actividad insostenible

Aunque el puerto de Muros no fue donde más bajó el número de barcos en los últimos 17 años, pues de 173 pasó a los 109 actuales, el patrón mayor, Daniel Formoso, comentó que la pesca ya no es rentable y los únicos que aguantan algo son los naseiros y los mariscadores.

Pero los problemas se extienden a otras flotas como puede ser el cerco, donde también bajó el número de unidades. Los armadores incluso tuvieron que recurrir a tripulaciones extranjeras, pues hace unos años era imposible conseguir personal gallego debido a la pérdida de poder adquisitivo en sus nóminas. ¿El motivo? El precio del pescado es similar al de hace veinte años.

La mayoría de los armadores que dejan la actividad es por jubilación. Y según se apunta en algunos puertos, no hay relevo generacional y los jóvenes no quieren embarcarse en una profesión cuyos ingresos varían de forma considerable. Sin embargo, en los últimos meses se está notando algo más de interés por este trabajo.

Juan García asegura que la actividad pesquera tal y como está es insostenible y augura un futuro muy negro para el sector si el declive de la actividad sigue el mismo ritmo. La actividad del arrastre continúa cuesta abajo tanto en Muros como en Ribeira y los armadores no descartan que el número de unidades continúe en línea descendente, y más ahora con los recortes de la bacaladilla.

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