La voz de La Voz de Galicia


El 19 de Mayo de 1987, víspera de mis 40 años, el ecuador deseable de mi vida, La Voz de Galicia dio voz propia a los gallegos alejados de sus instalaciones en A Coruña. Tal vez hayan visto ustedes en este diario, a lo largo de los últimos días, unos anuncios en los que él mismo se promocionaba con la frase: «Llevamos más de un siglo evolucionando contigo?Y seguimos mejorando». Era la antesala de papel de estas páginas que hoy, oliendo a tinta recién impresa, tiene entre sus manos. Como ayuda gráfica al eslogan, la promoción aportaba la primera página del sábado 29 de febrero de 1896 (año bisiesto) en la que se noticiaba el descubrimiento de los Rayos X invento que hoy, a la vista de las maravillas que ha logrado la tecnología, nos parece un juego de niños. Niña si, como la carabela, era la voz de La Voz de Galicia en el siglo XIX, y partía del puerto de A Coruña en su navío entreverado de cuadernas de organdí y con viento de popa en sus velas de papel, rumbo a la tierra donde anida la curiosidad de los lectores.

La nave dejó atrás en su bitácora dos guerras mundiales y al hidrófobo perro de nuestra guerra civil y perdió por el camino las almas y los cuerpos de cientos de redactores, accionistas, colaboradores, anunciantes y personal de distribución cargando y descargando en los muelles del mundo la mercancía más preciada, la información veraz, jugando al gato y al ratón con los piratas que la prohibieron y que aún hoy nos acompañan en la deriva vitalista navegada por este periódico. A todo sobrevivió. A las tormentas perfectas y a las encalmadas desesperantes de los años sin luz. Siempre por debajo de la puerta, o a hombros de los voceadores que recorrían las calles voceando su nombre, llegó puntual La Voz con su canto a la libertad, tantas veces leído entre líneas. Aquí estamos hoy ante un periódico vestido con el frac de los días de gloria y la pajarita bien ajustada para lucir palmito y orgullo de la obra bien hecha. Y así como la promoción del periódico aportaba aquella página de 1896, aporta hoy esta otra, primera de La Voz de Barbanza que nos hace más jóvenes de lo que en realidad somos. Fíjense sino en sus titulares: Problemas en Rianxo por cortes de energía eléctrica. Comienza un curso de Derecho Marítimo en Ribeira. Irregularidades urbanísticas en Porto do Son. No me digan que el tiempo no parece haberse detenido. Esta Voz de Barbanza que en todos estos años se polucionó con la negra cochambre del

Aquí estamos hoy ante un periódico vestido con el frac de los días de gloria y la pajarita bien ajustada para lucir palmito y orgullo de la obra bien hecha. Y así como la promoción del periódico aportaba aquella página de 1896, aporta hoy esta otra, primera de La Voz de Barbanza que nos hace más jóvenes de lo que en realidad somos. Fíjense sino en sus titulares: Problemas en Rianxo por cortes de energía eléctrica. Comienza un curso de Derecho Marítimo en Ribeira. Irregularidades urbanísticas en Porto do Son. No me digan que el tiempo no parece haberse detenido. Esta Voz de Barbanza que en todos estos años se polucionó con la negra cochambre del

Y así como la promoción del periódico aportaba aquella página de 1896, aporta hoy esta otra, primera de La Voz de Barbanza que nos hace más jóvenes de lo que en realidad somos. Fíjense sino en sus titulares: Problemas en Rianxo por cortes de energía eléctrica. Comienza un curso de Derecho Marítimo en Ribeira. Irregularidades urbanísticas en Porto do Son. No me digan que el tiempo no parece haberse detenido. Esta Voz de Barbanza que en todos estos años se polucionó con la negra cochambre del

Esta Voz de Barbanza que en todos estos años se polucionó con la negra cochambre del Prestige, que vio como se tambaleaban y desplomaban sobre la acera del Concello, ilustres personajes que parecían imbatibles, que contactó con gentes que estuvieron en el Aconcagua y que observó como, bajo su ventana, ¡cuántas veces!, pasaba la gloria de este mundo, renueva hoy sus pañoles, su sentina, sus camarotes, su puente y sus amuras y, con la misma brújula y el mismo sextante de febrero de 1896, reemprende sin detenerse en el dique seco a restañar las viejas heridas que causa la sal del violento mar de la vida, la maravillosa singladura en busca del país donde crece el árbol del pan de la información honesta para traerla al noble puerto de los bares y de las salas de estar, de los mostradores y del banco en las alamedas. No me digan que no es una alegría enrolarnos en esta aventura y escribir y leer las crónicas de Indias que a diario, chova ou vente, se cuelan en casa dejando tras de sí un temblor en los visillos. Un aire conocido. La voz de La Voz de Galicia.

No me digan que no es una alegría enrolarnos en esta aventura y escribir y leer las crónicas de Indias que a diario, chova ou vente, se cuelan en casa dejando tras de sí un temblor en los visillos. Un aire conocido. La voz de La Voz de Galicia.

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