La UE vuelve a golpear en la economía de Barbanza


Definitivamente, Barbanza tiene mala suerte con la Unión Europea. Las restricciones pesqueras de los últimos años han dejado desolados buena parte de los puertos. Donde antes abundaban los barcos, ahora quedan espacios vacíos en los que los antiguos marineros blanden sus cañas para, si pica un pez despistado, matar el gusanillo que la profesión les dejó metido en la sangre. Las decisiones en torno al sector lechero han animado el abandono de las poblaciones rurales en las que quedan paredes sin tejados y torres de iglesia sin campanas. Ahora, la poca flota que operaba se ve amenazada por otro acuerdo que reduce el 93% de la cuota de lirio, la especie estrella de la lonja de Ribeira. Y en cartera sigue esperando la amenaza que desde hace años se cierne sobre el sector conservero: la liberación de los aranceles. No se preocupen, siempre nos quedará la ayuda de la Merkel porque aquí no va a poder trabajar ni Dios.

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