La moción prolongó el follón

El bipartito sonense cumple un año de mandato caracterizado por la crispación entre la corporación y la inmediatez de las elecciones


noia/la voz.

Llega al año igual que empezó: Con irritación, enfados y una situación que por momentos parece una olla a presión. Y es que el imaginario popular sonense -además de la hemeroteca- todavía recuerda el ambiente de feria marcado por los insultos y abucheos en el que se celebró un pleno histórico. Fue el 18 de noviembre del 2009 cuando el regidor popular saliente, Manuel Tomé cedió el bastón de mando al alcalde entrante, el socialista Pastor Rodríguez, que en compañía de la nacionalista Ánxela Franco provocaron la moción de censura con la que el PSdeG recuperó la alcaldía de la villa.

Ahora que el tiempo ha pasado, las aguas siguen sin volver a su cauce. Ni parece que tengan intención de hacerlo con unas elecciones municipales a la vuelta de la esquina. Desde que el bastón de mando cambió de manos, la corporación de Porto do Son se ha convertido en un polvorín en el que no existe la palabra tregua. El único indicio de cordura ante la situación esperpéntica que muchas veces se vive en los plenos parece ser aportada por los primeros espadas de este ejecutivo.

Un trabajo en equipo que en 365 días ha mantenido una línea prudente, que ahora, ante los nervios electorales parece sufrir sus primeras grietas como consecuencia de los intereses que demandan las siglas a las que representan tanto nacionalistas como socialistas. O lo que es lo mismo, en román paladino: Amiguiños si, pero a vaquiña polo que vale. Y es que la foto o las imágenes de vídeo se han revalorizado llegando a picos antes infravalorados. Aún así, tanto el alcalde como la teniente de alcalde aseguran haber aprendido de los errores cometidos por sus compañeros del bipartito autonómico.

¿Qué dice la calle?

En la barra de una cafetería o paseando por la polémica fachada marítima, las opiniones que se escuchan poco varían entre la gente que nada tiene que ver con la vida política. Las acusaciones, en más de una ocasión ofensivas entre los mandatarios, han llegado a ser calificadas de normales. Algo que a los vecinos -lejos de compartirlo- les produce vergüenza ajena y entienden que es nocivo para la imagen del pueblo.

Otro de los aspectos en donde el pueblo toma la temperatura al grupo de gobierno es en la atención que los dirigentes les prestan en el día a día. Sobre esta situación son algunos de los funcionarios municipales los que coinciden al asegurar que «el trato no tiene color. Antes de la moción había vecinos que venían con un problema y salían con tres. Ahora eso no pasa ya que en ese sentido se han puesto bastante las pilas».

Sobre esto, otro trabajador de la casa consistorial añadía que «otra cosa son las relaciones con la Xunta, ya que están muy deterioradas y eso mina la consecución de objetivos que en condiciones normales serían fáciles de alcanzar. Pero en esta situación también es cuando un político se luce, es decir, cuando navega entre dos mares y sabe hacerlo bien».

Mientras, en los partidos que ocupan las actas de la oposición la situación es diferente. Los populares cogieron como norma abandonar los plenos en medio de su celebración, o bien forzar su expulsión. Los ediles independientes Gonzalo Pérez y Xabier Quiñoy aprovechan las broncas plenarias para hacer un llamamiento a la calma. Y más ahora, que en los mentideros de este alargado municipio las voces que anuncian su alianza bajo las siglas de UPyD suenan cada vez más altas.

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