Un mundo en peligro de extinción


Ningún autónomo mantiene su negocio durante dos años perdiendo dinero. Si los números no salen, y en los últimos tiempos está siendo muy habitual, se baja la persiana y a otra cosa. Pero el sector agrario es un mundo aparte. Aunque se pare la cadena de montaje , a las máquinas hay que darles de comer igual.

Por eso hay miles de gallegos que se levantan cada mañana para trabajar en un negocio que les resulta ruinoso. Por eso, y porque, aunque nadie se lo agradezca, son herederos de un modo de vida que es el mismo del que descendemos casi todos, y al que no se plantean renunciar.

Quienes administran nuestros impuestos tienen dos opciones: admitir que en unos años todos tomaremos leche en polvo china, y dejar que el interior de Galicia se convierta en la Patagonia europea, o tomar medidas, como se ha hecho con éxito en otros sectores, como la automoción. En el caso de los ganaderos gallegos, además, no harían falta subvenciones. Solo controlar que los intermediarios no se queden con la mayor parte del pastel.

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