«La política se lleva dentro y uno nunca puede desprenderse de ella del todo»

Ahora vive volcado con la cultura, pero su etapa como parlamentario y conselleiro está aún muy presente


Hace más de dos décadas que, cuando el cuerpo y la mente se lo piden, Santos Oujo Bello se recluye en lo que el llama su rincón íntimo. De hecho, tan íntimo es ese trocito del municipio de Ribeira que, el que fuera conselleiro de Industria, Comercio y Turismo en el gobierno autonómico de González Laxe, se niega a desvelar su ubicación concreta. Eso sí, este apasionado de la cultura no tiene problema alguno en describirlo con todo detalle: «Es un simple banco de cemento donde el tiempo se detiene. Está cerca del mar y de un bosque de pinos añejos. A veces es posible escuchar un petirrojo, una urraca o ver a una ardilla corretear por un tronco».

Fue una jornada otoñal, un día en el que estaba «desasosegado por circunstancias familiares dolorosas», cuando Santos Oujo descubrió este escondrijo o, más bien, se dejó enganchar por él: «Podría decirse que fue el rincón el que me encontró a mí. Me senté en aquel banco y sentí que algo cambiaba, sentí el canto de un petirrojo, me absorbió y me dejé llevar. Estaba esperando a alguien y me eligió».

Desde entonces, este político de raza se esconde a menudo en lo que él define como «un ectoplasma que sale de la tierra, te envuelve y te lleva al centro de la naturaleza». Oujo Bello sería capaz de pasarse horas hablando de este escondite, un rincón que, según asegura, nadie, ni siquiera su familia, conoce: «Suelo ir de forma periódica y llevo mis libros y mi música clásica. Allí vivo el instante y no sé si paso dos horas o un par de minutos. Miro, escucho... Es como si entrara en un templo cuyo techo es el cielo y el decorado, los árboles».

Como una antesala de la eternidad. Así define el ribeirense este enigmático rincón en el que consigue encontrar un equilibrio perfecto entre el cuerpo y el alma. De los múltiples calificativos que Santos Oujo emplea para describir este escondrijo, se deduce que el otoño es la estación que él prefiere para refugiarse en tan especial banco, pues la luz «tiñe de dorado los árboles».

Amante de la creación

Además de encontrarse consigo mismo en esta madriguera, Santos Oujo dedica su tiempo libre a la cultura. Preside el Ateneo Valle-Inclán y es miembro de la fundación creada en honor del creador del esperpento. La música, la literatura y la pintura son sus grandes pasiones.

Cuando se le pregunta por la etapa que vive actualmente como jubilado, el ribeirense responde con rotundidad que, a nivel personal, sigue siendo una persona muy activa. Y es que, aunque su tiempo como político sea agua pasada, el ex conselleiro afirma que «la política se lleva dentro y uno nunca puede desprenderse de ella del todo. Yo ahora me dedico a analizarla, me llevo con gente de todos los partidos y, como no tengo intereses con ninguno, me veo capaz de emitir juicios objetivos».

Asegura vivir intensamente la política, pero Santos Oujo reconoce que, en ese mundo, no todo es positivo: «Hay momentos difíciles. En mi caso, se produjo un abandono importante de la familia, puesto que me vi absorbido por el torbellino político». Pero, para el ribeirense, lo más difícil es la insatisfacción de no poder atender todas las reivindicaciones: «Cuando uno ocupa un cargo son muchas las personas que acuden en busca de ayuda para pedir un montón de cosas a las que es imposible dar salida».

Experiencias irrepetibles

Sin embargo, pese a tener que superar obstáculos, Oujo Bello sostiene que no borraría de su currículo la etapa política: «Volvería a hacerlo, ya que viví experiencias irrepetibles». De todas ellas, el ex conselleiro destaca la constitución del primer Parlamento de Galicia: «Fue algo único». En este foro pasó nada menos que 18 años de su vida, una época que nunca olvidará.

Como buen político, el ribeirense es un apasionado de la palabra. Lo dice él, pero también lo demuestra en una conversación distendida. Ni siquiera titubea a la hora de definirse a sí mismo: «Soy analítico, crítico e intento ser objetivo».

Es tal el dominio que ejerce sobre la palabra que él mismo reconoce que son pocos los vocablos que se le resisten. El que lo consigue, cambia de bando en un corto espacio de tiempo, puesto que Santos Oujo es un fanático de los diccionarios. Tanto es así que no se sorprendería si un día le confirman que encabeza el ránking de España en lo que a número de glosarios se refiere. En su casa los tiene de todo tipo. La razón: «No perdono ni una palabra».

Tal es el poder que ejerce sobre ellas que Oujo Bello se siente capaz de leer incluso entre líneas: «A veces las palabras no solo sirven para decir la verdad, sino también para encubrirla. Yo he llegado a poder descifrarla».

De política, de cultura, de economía o de su escondite preferido... Santos Oujo no tiene problemas para hablar largo y tendido de cualquier tema que se le plantee. Eso sí, sabe guardar un secreto. Sobre su rincón íntimo ni siquiera dio pistas aclaratorias.

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