«Entré en política para darle a Artes todos los servicios de los que carecía»

Con una dilatada vida social a sus espaldas, este ribeirense trató de sacar a la parroquia del olvido en el que se hallaba


Afable en el trato, de sus frases siempre sale la palabra Artes, la parroquia ribeirense que le vio nacer hace ahora 62 años. Manuel Reiriz Dios, presidente del museo etnográfico de la localidad, tuvo una vida social muy activa. Edil en el Concello de Ribeira por UCD y el Partido Galego Independiente (PGI) durante 13 años, su faceta más prolífica fue la de fundador. De ahí surgieron el Club Deportivo Artes, el museo, la comunidad de montes de la parroquia, la comisión de fiestas y hasta la peña madridista Amancio de Santa Uxía, que ya cuenta con 200 socios.

Segundo de tres hermanos -los otros dos son Pío y Melchora-, Manuel Reiriz cursó sus estudios de primaria y al finalizarlos se planteó ir a un seminario, una idea que tuvo que desechar pronto porque «la penuria en la que se vivía en aquella época hizo que tuviese que ponerme a trabajar», comentó.

Empezó su vida laboral en Talleres Vilas, en Ribeira, donde conoció al malogrado y al archiconocido Ramón Sampedro, «una excelente persona con la que coincidí durante cuatro años. Él trabajaba de tornero y como compañero era una persona», señaló.

El servicio militar llamó a sus puertas y tuvo que dejar el trabajo. La instrucción la hizo en Ferrol durante cinco meses para pasar posteriormente a Marín, donde permaneció otros 19. Cuando finalizó sus obligaciones con la Patria volvió a Ribeira para enrolarse al mar durante algo más de cuatro meses, «pero aquello no era vida y decidí dejarlo». Junto con un socio montó un taller, aunque doce meses después, corría el año 1971, decidió volar solo. Creó su propio negocio, una fábrica de estructuras metálicas que en la actualidad da empleo a 17 personas, entre las que se encuentran sus hijos Victoria y Vicente.

Carencias

Pese a tener su vida más o menos encauzada, Manuel Reiriz tenía una especie de «vacío interior». Y es que el sitio donde vivía tenía todo tipo de carencias. «Era increíble, estamos hablando de finales de los 60 y principios de los 70 y esta parroquia carecía de todos los servicios e infraestructuras básicas. Por ejemplo, en Ribeira ya había tendido eléctrico y eso era un sueño en Artes», relató. Según él, «la parroquia estaba patas arriba; no había agua corriente, ni una pista asfaltada; Artes estaba apartada del mundo pese a que cinco kilómetros de distancia se había construido un puerto nuevo para buques de gran calado».

En 1978 sale elegido concejal en el Concello de Ribeira por Unión del Centro Democrático (UCD). «Entré en política para darle a Artes todos los servicios de los que carecía», sentenció. Fueron tiempos difíciles y los presupuestos del gobierno local eran, por aquel entonces, como para echarse a reír. «Una año después de entrar se aprobó un presupuesto de 102 millones de pesetas; como anécdota le puedo contar que para hacer determinadas infraestructuras se llegó a un acuerdo con los vecinos; el Concello les suministraba el material y ellos ponían la mano de obra para intentar abaratar costes porque no había dinero; así se logró hacer muchas cosas en el municipio», analizó.

Repite cargo

En 1982, año en que el PSOE de Felipe González arrasó en las Generales, Manuel Reiriz repitió cargo como concejal. Pero esta vez lo hizo bajo las siglas de PGI, de José Luis Meilán Gil. Sin embargo, en 1993 se vio obligado a dejar la política, junto a otros diez compañeros, por intentar favorecer a los ribeirenses menos pudientes exonerándolos de visar los proyectos de sus casas unifamiliares. «Aquello no se hizo con mala fe, pero supuso un trago muy difícil para los que estábamos en el consistorio», apuntó Reiriz. Aún así guarda su mejor recuerdo de aquella época. «El Artes que yo conocí de pequeño no tenía nada que ver con el que se dejó cuando abandoné la política; había red de saneamiento, pistas asfaltadas, luz eléctrica, agua de la traída...».

En 1971, Manuel Reiriz, entre otros, decidió crear el Club Deportivo Artes, al que estuvo vinculado 22 años y en el que recorrió todos los cargos: presidente, vicepresidente y tesorero. «La parroquia no tenía ni un sitio donde los jóvenes pudiesen jugar al fútbol; por eso se decidió crear un equipo federado y construir un campo, el de Trumiáns».

Sin embargo, según sus propias palabras, la niña bonita de su gestión es el museo etnográfico. «Corría el año 80 cuando se formalizó la construcción del embrión de lo que hoy es el recinto y se llamó Centro Recreativo Cultural de Artes, que presidió en un primer momento Juan Paz Pérez; yo era el vicepresidente; posteriormente pasé a dirigir una institución a la que llevo 22 años vinculado», dijo. Y añadió: «No sabe el orgullo que me da entrar en este sitio; empezamos con un centenar de piezas expuestas y ahora hay más de 1.600». Como los buenos deportistas y actores, ya se plantea dejar paso a otras personas más jóvenes que le sustituyan. «Ahora me gusta disfrutar más de la familia y de los amigos», comentó.

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