Romero Ortiz y Franco cambiaron las condiciones


La descripción antigua más detallada del Camino Real que ha llegado hasta nosotros es la de Bernardo González de Teyra, párroco de La Puebla del Deán en 1772. En un informe enviado a Madrid a requerimiento del geógrafo del rey Tomás López, que hoy obra en los depósitos de la Sección de Manuscritos de la Biblioteca Nacional junto a otros documentos que iban a servir para redactar el inconcluso Diccionario Geográfico, Estadístico e Histórico del citado geógrafo, podemos leer: «El Camino Real sale por el arenal de Corozo, el qual camino sigue a las villas de La Puebla de Deán, Caramiñal hasta la ciudad de Santiago, (?) y en él (hay) las puentes que se siguen: entre esta feligresía de La Puebla y la de San Isidro de Postmarcos está el Puente y Río llamados de Barbanza. Más adelante, en la misma feligresía de San Isidro esta el Río de Lérez, sin puente por haber caído la que tenía; entre la feligresía de Lampón y la de Boiro hay el puente y Río de Goyanes; entre Cespón y Bealo el puente y Río de la Brea, y cerca de Bealo el Río y Puente de Beluso. Todos estos puentes están en dicho camino cerca del mar. Además de estos hay el río y puente Sieyra entre Caamaño y Juno...».

En la primera mitad del siglo XIX, el Camino Real seguía estando en unas condiciones deplorables y así en 1826 Sebastián de Miñano confesaba en su Diccionario Geográfico: «La Puebla del Deán dista de Padrón ocho horas de camino militar», y en 1845 el que poco después sería ministro de Isabel II, Pascual Madoz, decía: «...el camino que se dirige a Santiago por La Puebla y El Caramiñal está mal cuidado».

Obras importantes

Las obras más importantes de renovación del ancestral Camino Real y de su adecuación a los transportes contemporáneos tuvieron lugar en 1864 bajo el impulso político de Antonio Romero Ortiz, a la sazón diputado por el Distrito de Noia y gobernador civil de Oviedo y de Toledo, y en años sucesivos varias veces ministro. Bajo su patronazgo se puso en marcha un proyecto que convertiría el viejo Camino Real en Carretera de Tercer Orden de Padrón a Ribeira .

La redacción del proyecto y la dirección de la obra corrieron a cargo del ingeniero del Ministerio de Fomento Celedonio Uribe, hombre bien conocido en Barbanza por haber construido en 1853 el faro de Corrubedo, el del ollar largacío , que decía Bouza Brey.

Las obras comenzaron por Padrón: la nueva infraestructura se superponía sobre el Camino Real, ensanchándolo y dotándolo de un firme de macadán. Supuso además la restauración y, en su caso, renovación de los viejos puentes, y la superación de importantes áreas marismeñas en A Pobra y Santa Uxía que supusieron no pocos quebraderos de cabeza para el ingeniero. Todos estos inconvenientes motivaron que se desarrollasen con notables retrasos: en 1877 todavía se estaban tasando las fincas de Ribeira afectadas por la nueva carretera, y la conclusión de los trabajos se prolongaría hasta bien entrados los años ochenta.

Uno de los pocos tramos completamente nuevos de la carretera fue el de la entrada a Ribeira. Allí el proyecto de Uribe abandonaba el trazado del Camino Real para atravesar la marisma de As Saíñas merced a la elevación del firme de la calzada y la construcción de un eficaz sistema de drenaje y canalización con tajeas que evitaba las inundaciones y que aún se conservan en la actualidad. Finalmente la vía continuaba por la actual avenida de A Coruña hasta llegar al alto de Padín escoltada por sendas hileras de olmos.

En los años cuarenta del siglo XX y, tras la visita del dictador Francisco Franco a Santa Uxía, se realizaría el primer asfaltado de la vieja carretera, sin alterar su trazado.

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