«Non fun feliz de rapaz e gustaríame que a miña infancia fose como a dos nenos de agora»

El empresario boirense no descarta participar en un proyecto político con la finalidad de hacer cosas por su pueblo


No es el mismo. El Olimpio Castelo que todos recuerdan de hace unos años era impulsivo, inquieto, emprendedor. Era, un hombre de acción. Ahora, este empresario bateeiro, que nació hace 48 años en el lugar de O Chazo, al lado mismo de la playa de A Retorta, está cambiado. Ve la vida de otra forma. Busca en ella la tranquilidad, la paz, el sosiego. Es, en definitiva, como el reposo del guerrero. Un luchador nato que se ha retirado de las barricadas y ha pasado a la retaguardia.

El mar es su vida. Su inspiración. «Sempre que podo, intento estar cerca del. Non concibo a miña vida lonxe do mar. Nacín no Chazo, ao lado da praia da Retorta. Alí medrei, xoguei e pasei parte da miña infancia».

Este empresario boirense recuerda que el lugar era precioso. «Había unha lagoa natural impresionante, pero no seu sitio fixeron unha cetárea e escarallaron todo aquilo».

Hace treinta años, la playa era el centro de reunión de los niños del lugar. «Ahí reuniámonos para xogar, falar. Era o noso sitio. Pasei no areal os meus veráns de neno cos meus amigos».

La mente lo lleva a su niñez. A sus carreras por A Retorta. Sus juegos, sus andanzas. Sus ilusiones y sus inquietudes.

Un trágico suceso familiar lo dejó marcado. Pasó seis años en un colegio de Pontedeume. La infancia fue muy diferente a la de los otros chicos. Trabajo y mucho sacrificio. Y todo aconteció cerca de la playa, de su querida A Retorta. «Nese areal vivín de todo. Pasei tragos duros e momentos moi bos. Aínda hoxe paso moitas horas. Tanto de noite como pola mañá. Sempre que podo».

Jornadas de pesca

Es un asiduo visitante. «No verán vou moi cedo, as sete da mañá. Pero o momento máis especial é a noitiña. O mar sempre me gustou. Botaríao de menos si tivese que vivir noutro sitio, terra a dentro».

En el arenal se dio cuenta de que su vida siempre estaría ligada al mar. No tenía escapatoria. «Na casa tiñamos bateas e xa non tiven opción de escoller».

Uno de sus mejores recuerdos de la infancia era cuando de noche los chiquillos salían a faenar en una pequeña embarcación al facho. Un arte de pesca en la que se utilizaba una luz de carburo para atraer a los peces. «Uns momentos inesquecibles», reconoce. Olimpio Castelo no guarda muy buenos recuerdos de su niñez. «Non fun feliz de rapaz e gustaríame que a miña infancia fose como a dos nenos de agora».

Años muy duros

Siempre fue un inconformista. El sector mejillonero no estaba pasando su mejor temporada en la década de los ochenta. Con poco más de 20 años se hizo cargo de la agrupación de Cabo de Cruz, dando el salto a la Federación de Productores Mejilloneros de Galicia (Fepmega), que presidió con 27 años. «Foron anos moi duros. Había moitos problemas. Pasei uns quince anos en organizacións mexilloeiras e no Consello Regulador. Teño moi bo recordo daquela época».

Las luchas eran continuas. Los problemas se multiplicaban. La única salida que tenían era la movilización. «Eramos capaces de xuntar a moita xente, pois o sector estaba unido, non como agora». Las bateas ilegales, llegó a haber 300 en toda Galicia, y el cierre de los polígonos por la toxina, fueron motivos más que suficientes para presentarse miles de bateeiros en San Caetano. Todavía recuerda el famoso derribo de la valla. «Aínda hoxe coñécese aquela época como a de Santa Vaia».

Incursión en política

La situación que está atravesando el colectivo no le gusta. «Estamos vivindo uns anos malos, pero o que máis me molesta e que algúns dirixentes digan que isto non ten solución e que eles estano a facer ben».

Pero Castelo tiene otra pasión: la política. Lleva muchos años como militante del PSOE boirense. Nunca fue en una lista, «porque ata agora non me quixeron levar».

Fue uno de los promotores de la moción de censura contra el entonces compañero socialista y alcalde, Manuel Velo. «Non sei se foi un acerto ou unha equivocación. Creo que lle fixemos un fraco favor ao pobo, pois paralizouse o ritmo de crecemento de Boiro. O alcalde era menos malo do que nos pensabamos».

Entiende la política como una manera de hacer feliz a la gente «aos meus e a min mesmo, e non coma outros que van para ser felices eles e os seus».

Algún día le gustaría implicarse y se postula para participar en la política municipal, «non descarto nada. A política sempre me gustou». De lo único que se arrepiente, es de no acabar una carrera universitaria. Aún así, se siente feliz, y así lo transmite.

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