El delfín solitario vuelve a Ribeira

«Gaspar» desapareció durante más de 32 horas de la dársena de Santa Uxía para desplazarse hasta la ría de Vigo y Vilaxoán


Después de varios días de diversión con la presencia del delfín solitario Gaspar, de tres metros de longitud y 400 kilos de peso, en la dársena de Ribeira, con su exhibición de velocidad y destreza, parecía que ese foco de atracción de la ciudad se acabara definitivamente. Después de cinco días moviéndose por dentro del muelle comercial de Santa Uxía, conviviendo con los marineros y los muxos, el cetáceo dejó de verse poco después de las diez de la mañana del martes y nadie supo nada más de él.

Los vecinos que se acercaron a esa zona de la ciudad para verlo ya lo echaban de menos. Los niños, sobre todo, le preguntaban a los vigilantes por el animal, y se ponían tristes cuando les decían que se había marchado. Pero, pasadas las seis y media de la tarde de ayer, el delfín regresó al muelle de Santa Uxía y la alegría volvió a los rostros de la gente. Debido a que ya anochecía se dejó ver durante escasos minutos, escondiéndose poco después entre las embarcaciones amarradas en el puerto ribeirense.

Los biólogos del Cemma confirmaron ayer que el delfín fue avistado en la ría de Vigo el martes y que a las seis de la madrugada de ayer estuvo por Vilaxoán. «Sabe por onde se move e coñece moi ben a zona. O que descoñecemos é con que intereses fai estes desprazamentos e o seu comportamento tan estraño», manifestó Alfredo López, presidente de la entidad. Lo que si parece es que Gaspar se fue a vivir una nueva aventura en otros parajes durante más de 32 horas.

Unos vigueses indicaron que el delfín estuvo el 30 de diciembre con ellos una hora mientras practicaban pesca submarina, que jugaron con él y lo acariciaron. Recordaron que emitía un sonido a modo de sonrisa. En este sentido, los biólogos recomiendan observarlo a distancia, mantener el mínimo contacto y la máxima indiferencia para no perturbarlo, no darle comida, ni meterse en el agua cerca de él. Alfredo López dijo que si una persona está en el mar no debe tocarlo.

Advirtió de que las embarcaciones no deben aproximarse al animal, que mantengan el rumbo y la velocidad y que si el arroaz se coloca en la popa hay que tener mucho cuidado pues le gusta meterse bajo el motor. López apuntó que el contacto con un delfín «é unha situación de risco de agresión ou contaxio de enfermidades dérmicas e pulmonares».

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