Mil guardianas contra los furtivos

Con la llegada del verano, las mariscadoras incrementan su presencia en la playa para evitar robos de bivalvos


vilagarcía / la voz

Aunque no esté bien confesarlo, hay mariscadoras que no pueden evitar un suspiro de alivio ante este inicio de verano nublado y chispeante. Y no es que no les guste el sol y el buen tiempo -¿a quién no le gusta?-; lo que no le gustan son todos los problemas asociados a la llegada masiva de bañistas a las playas arousanas. Porque entre ellos se agazapa una especie de furtivo que cada verano coloniza, de forma mecánica y certera, los arenales en los que las mujeres vuelcan horas de intenso trabajo. Es el furtivo de bañador, una pesadilla que obliga a las mariscadoras a pasar horas extra en las playas, cumpliendo con turnos de vigilancia que oscilan entre las cuatro y las seis horas.

«A nadie le apetece hacer vigilancias, pero no nos queda otro remedio si queremos preservar lo que tenemos». Lourdes Corvo, la presidenta de las mariscadoras de Vilaxoán, resume en esa frase el sentir de buena parte de sus compañeras de la ría. Las setenta integrantes de la agrupación vilaxoanesa realizan este trabajo durante todo el año, pero en verano lo intensifican y prolongan los turnos, cuando la marea lo dicta así, hasta la una de la madrugada. «El tiempo, de momento, no acompaña demasiado, pero aún así ya hemos tenido algún problema», dice Corvo. «El otro día cogimos a uno en Canelas, metido entre las piedras», relata.

En Vilanova también han comenzado con las vigilancias de verano, que se concentrarán especialmente en las playas de As Sinas y O Terrón. Son los arenales que atraen a una mayor cantidad de bañistas y son, por tanto, los lugares en los que se multiplica el riesgo de tropezarse con algún furtivo de bañador y chanclas. Para controlar esos arenales, en Vilanova, las 250 mariscadoras que integran la agrupación reforzarán, con turnos de cuatro horas y apostadas cada cien metros, el trabajo que desarrollan los siete vigilantes del pósito. De momento no han tenido ningún «problema reseñable», pero saben que, en cuanto las playas se llenen, la situación cambiará. «Afortunadamente, parece que a xente vai recibindo a mensaxe, e nós notamos que agora as cousas non son tan tensas como podían ser hai anos», dice la patrona mayor, María José Vales. Ella es de las que están convencidas de que «o marisqueo e o turismo temos que convivir. Ao fin e ao cabo, tamén necesitamos aos turistas, se non quen nos vai mercar o marisco?».

Lo saben tan bien como sus compañeras de A Illa de Arousa, que llevan años luchando a brazo partido contra un problema que ha adquirido tintes muy serios, ya que es mucho el territorio que han de controlar. Para eso, las mariscadoras tienen una estricta organización, con puestos de control que se suceden cada pocos metros. En cada uno de ellos se ubican tres mariscadoras, pendientes de todo lo que ocurre en la orilla del mar.

En Cambados y O Grove también han comenzado con los trabajos de vigilancia veraniegos. En ambos pósitos, las mariscadoras realizarán los trabajos que complementan la función de los vigilantes en horario diurno. En la península meca, otro de los destinos más buscados por los bañistas, el problema alcanza una alta intensidad, con zonas críticas como la zona de A Vía y las playas de A Toxa. En Cambados, sin embargo, al no existir unas zonas de baño ni claras ni masificadas, la situación parece ser más fácil de controlar.

En Carril, las mariscadoras saldrán a controlar, en grupos de cuatro o cinco personas, tanto A Concha-Compostela como Bamio.

El año pasado, Carlos Blanco y Touriñán se convirtieron en aliados de las mariscadoras gallegas -y en particular de las de A Illa- protagonizando uno de los vídeos del verano. En él, a base de humor y retranca, exponían el problema de los furtivos de bañador y pedían a los veraneantes responsabilidad en sus visitas a las playas. Este año, explica Carmen Dios, las mariscadoras isleñas volverán a explotar esa vía, la del humor y la sonrisa, para intentar fomentar «a empatía entre a xente que vén á praia» para que se pongan en el lugar de quienes trabajan los arenales y respeten el producto que en ellos crece. Eso, sumado a los talleres que durante el año realizan con niños, es el otro frente de ataque al furtivismo veraniego.

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