El concejal más caro de Arousa está en Vilagarcía

Hace cuatro años, Somos Maioría sumó 1.499 papeletas y obtuvo un solo edil; en Pontecesures, en cambio, basta con superar el 5 % para lograr prácticamente representación, lo que equivale a unos 130 sufragios


vilagarcía / la voz

No hay mejor jornada que la de reflexión para repasar algunas curiosidades estadísticas relacionadas con las elecciones municipales que se desarrollarán en cuestión de unas horas. Una de las más llamativas apunta a la cosecha de votos necesaria para lograr representación en las once corporaciones que componen el territorio geopolítico de Arousa. No hay, por supuesto, ningún promedio comarcal que sea útil, ya que en cada Concello el concejal tiene un precio, que varía en función del número de ellos, de la cifra de candidaturas y del volumen del electorado.

No hay duda, en cualquier caso, de que la capital arousana pone en juego el concejal más caro de la comarca. Como en todas partes, el umbral para entrar en el reparto se sitúa en el 5 % de los sufragios emitidos. A partir de ahí, cada convocatoria electoral se rodea de sus propias características. Hace cuatro años, por ejemplo, Somos Maioría cosechó 1.499 papeletas. Un resultado que, pese a su potencia, únicamente le sirvió para colocar a un representante en la corporación. Es cierto que la formación se quedó a solo 27 papeletas de un segundo concejal, que le hubiese arrebatado al Partido Popular. Pero el dato fue ese. Lo habitual, no obstante, es que unos novecientos votos sean suficientes para acceder al salón de plenos.

En las antípodas de Vilagarcía, por lo que respecta a la relación de votos y concejales, se sitúa Pontecesures. A orillas del Ulla, cualquiera que sobrepase el límite del 5 % tiene prácticamente garantizada su participación en los asuntos municipales, lo que equivale a unos 130 sufragios. Hace cuatro años, el PSOE firmó dos actas con 269 papeletas. Al BNG le separaron 29 votos de hacerse con la última en juego, que, precisamente, cayó del lado de los socialistas.

Más allá de Pontecesures y su tradicional fragmentación, rebasar ese umbral del 5 % de los sufragios no siempre garantiza el ansiado edil. Le sucedió en Meaño a Compromiso por Galicia. En el 2015, la formación saltó por encima de la barrera, con 163 votos, pero se quedó sin representación. Hubiese necesitado del orden de 80 apoyos más para disputarle al PSOE su segunda acta.

¿Qué sucede en el resto de los municipios arousanos? Un poco de todo. En A Illa, el último concejal le costó hace cuatro años al BNG 242 votos, mientras que en Meis los nacionalistas firmaron una solitaria acta con 379 sufragios, a solo cinco de arrebatarles su quinto representante a los socialistas. Al descender de los cinco mil habitantes, ambos concellos pasan ahora a escoger trece ediles frente a los once que eligieron en el 2015, con lo que su cotización se endurecerá.

En Catoira, el PP necesitó 291 apoyos; en Ribadumia, el PSOE entró con 228 papeletas; y en Valga los socialistas obtuvieron cuatro gracias a un millar de votos. Solo tres municipios eligen 17 representantes. Cambados Pode sumó 455 sufragios; el Partido Galeguista Demócrata logró el último, con 430; y Gañemos Vilanova necesitó 498 respaldos.

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