Mario Trigo: «Las personas con TEA no son pobriños»

BATA presta un apoyo integral a las personas con autismo y a sus familias en toda la provincia


vilagarcía / la voz

Por su sonrisa los conoceréis. La gente de BATA irradia una energía especial. Es esa vitalidad que caracteriza a quienes todas las mañanas miran a los ojos de los gigantes y prometen derrotarlos, aunque sepan que la guerra va a ser larga. Mario Trigo y Yolanda Heras, y como ellos toda la gente de BATA, se enfrentan cada día a un fenomenal enemigo. Un monstruo que se alimenta de todo lo malo del ser humano (miedo, indiferencia, ignorancia) para construir un muro alrededor de quienes no encajan en las celdas que ha creado la sociedad. Para derribar ese muro trabaja esta asociación, que nació hace treinta años en Baión (Vilanova de Arousa) con un objetivo claro: mejorar la calidad de vida de las personas con trastornos del espectro autista, y de sus familias.

Pongámonos en situación. A finales de los años ochenta, en Galicia no había centros específicos para personas con autismo. «Lo que había entonces eran centros muy globales, en los que se trataba a personas con todo tipo de discapacidades y desde un punto de vista muy asistencial. No había perspectiva de integración como puede haber ahora. Eran modelos de cubrir las necesidades básicas y desarrollar dos o tres capacidades adaptativas que pudieran tener», cuenta el presidente de esta entidad, Mario Trigo. Y entonces, BATA abrió una puerta. «Nació con la ilusión de dar atención desde un punto de vista educativo; los chicos eran pequeños, las familias tenían una necesidad muy grande de cubrir esa etapa educativa, y del contacto entre familias y profesionales se creó el centro de Baión, que es donde nacemos. Y a partir de ahí se van generando servicios. A medida que van creciendo los chicos van apareciendo nuevas necesidades, nuevas expectativas, necesitamos otro tipo de actividades... De alguna manera ha ido fluyendo todo así».

BATA celebra su treinta cumpleaños transformada, pues, a imagen y semejanza de sus usuarios. Además del centro educativo sobre el que se cimentó esta experiencia, BATA cuenta con muchos otros servicios, nacidos de la necesidad de acompañar a sus usuarios en todo su recorrido vital. Hay, así, un centro de día para adultos, y una red integrada por tres viviendas en las que defienden su independencia hasta dieciocho usuarios. Un servicio de empleo que permite a las personas con TEA explorar sus límites, reforzar su autoestima, disponer de un salario con el que afrontar el día a día; un servicio de diagnóstico con sedes en Vilagarcía, Santiago y Vigo-Tui; una unidad de apoyo ambulatorio que da cobertura a las personas con autismo en sus casas y en los colegios; y un servicio de apoyo familiar que permite a quienes desarrollan el rol de cuidadores tomarse un respiro de vez en cuando. Unas doscientas personas de toda la provincia -e incluso de otros puntos de Galicia, porque «Lugo y Ourense son un desierto para la gente con TEA»- utilizan, de una u otra forma, los servicios que BATA ha ido tejiendo a base de trabajo y empatía.

El colectivo es, pues, poliédrico: tiene tantos proyectos como usuarios, porque de lo que se trata es de «pensar en cada persona y en los apoyos que necesita; algunos los puede dar la familia, el entorno más natural, y luego nosotros desde aquí», explica Mario. «Por eso todos los servicios son relevantes», concluye. Él da una importancia fundamental al ocio, porque «es la parte de nuestra vida que más no satisface, que más bienestar nos produce, y parece que en las personas con discapacidad es algo secundario».

En sus treinta años de vida, BATA ha sabido tender puentes en muchas direcciones. Uno los une con la editorial Kalandraka, con la que llevan años colaborando en la edición de libros accesibles a todo el mundo, de lectura universal. Otros aliados necesarios son los muchos ayuntamientos que han decidido rotular con pictogramas sus edificios públicos, o los que han encargado a BATA el mantenimiento de sus parques y jardines. «También hemos trabajado con Illas Atlánticas en el mantenimiento de espacios naturales», y con empresas que emplean a las personas con TEA.

A Mario y a Yolanda les encantaría que BATA pudiese desaparecer. Sería un síntoma, dicen, de que el mundo ya está pensado a la medida de todas las personas que lo habitan. Pero ese horizonte está lejos. En estos últimos treinta años se ha avanzado mucho. «Hay una sensibilización diferente. Las personas con autismo están más en la comunidad. Y hay una evolución social, incluso en el lenguaje: hay palabras que antes se usaban como insulto y ya no es así. Pero nos sigue chocando cuando se habla de las personas con discapacidad como pobriños; no lo son. Son personas que necesitan unos apoyos». Aún hay otras batallas por ganar. Como la que se libra para reclamar que el diagnóstico del autismo -tan perfeccionado médicamente- pase a ser realizado en el sistema público de salud y no dependa ni de las asociaciones, ni de que las familias tengan recursos. Ojalá los buenos ganen pronto esta guerra.

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