«No saber de tu hijo durante tres días es muy duro, le tiene miedo a su padre»

Una madre separada alza su voz para pedir un punto de encuentro tutelado por la administración para dejar a su niño


vilanova / la voz

No quiere que salga su rostro ni su nombre. Es lógico, tiene dos hijos, de quince y once años, y vela por su anonimato. Pero sí quiere que se conozca su historia, porque, dice, puede ayudar a que los políticos tomen conciencia del problema que, como ella, sufren otras mujeres separadas. Ana -así nos vamos a referir a ella en lo sucesivo- forma parte de la asociación Esmar contra la violencia machista, que está demandando la creación en la comarca de un punto de encuentro para dejar a los hijos menores de parejas separadas. Puede que haya a quien le parezca un tema menor, pero, para ella, es un servicio que podría liberarla de la angustia y la incertidumbre que la atenazan cada vez que su pequeño va con su padre. La chica, de quince años, se niega a acompañarlo.

Ana vive en Vilanova, tiene 45 años, lleva un año divorciada y ha denunciado a su exmarido por maltrato. El juez ha dictado una orden de alejamiento, pero no se aplica a la espera de que se resuelva el recurso interpuesto por la otra parte. La mujer tiene la custodia, pero el padre tiene derecho, y lo ejerce, de ver a sus hijos de forma periódica. Trabaja en el extranjero, lo cual dificulta el establecimiento de un régimen de visitas regular. «Cuando viene por aquí, aparece y viene a buscarlo. Avisa con unos días y se planta delante de la plazoleta o va directamente al colegio y se lo lleva. No le importan las actividades que tiene el niño ni nada». La plazoleta a la que se refiere está delante del Concello de Vilanova, y la elección de este punto no es casual.

Es un lugar céntrico, colindante con la escuela y, sobre todo, está al lado de la sede de la policía local, a la que ha tenido que recurrir Ana en más de una ocasión para contactar con su expareja. «Porque a mí ni a mi familia nos coge el teléfono. Aparece cuando le da la gana, una vez tuvo a mi madre esperando dos horas al sol». A la policía recurrió también en una ocasión que su hijo se escapó a casa de una amigo huyendo de su padre, y ayer, los agentes tuvieron que volver a intervenir. Cuando acudió al colegio para recogerlo, el niño se negó a acompañarlo y puso resistencia. A la vista de esta estampa, alguien que pasaba por allí dio aviso a la policía, que acabó llevando al chaval a casa de su familia materna.

Ana lo relataba así ayer a primera hora de la tarde desde el Hospital do Salnés, adonde acudió con su hijo aquejado de problemas de ansiedad. De ahí, tenía previsto ir a la policía a presentar una denuncia porque, según su versión, el padre llegó a golpear al niño.

Ana está convencida de que este tipo de situaciones podrían evitarse de haber un punto de encuentro tutelado por la administración donde dejar y recoger al pequeño. Esta figura ya existe. La Xunta lo instauró en las ciudades, pero en O Salnés todavía no toca. El más cercano está en Pontevedra, y para la vilanovesa, que estudia por las mañanas un ciclo de Comercio y Márketing y que trabaja de forma temporal en el sector de la hostelería, le resulta muy complicado y caro desplazarse a la capital de la provincia.

Estos puntos de encuentro disponen de personal que actúa de intermediario y vela por el cumplimiento del régimen de visitas y por el bienestar de los menores. «¿Quién controla ahora a mi hijo? Cuando desaparece tres días y no sé nada de él es muy duro, no eres persona, y no tengo a quien recurrir. Mi hijo tiene miedo a su padre», afirma.

Ana se siente desamparada por la administración y por la justicia. La semana pasada se celebraron un aluvión de actos reivindicativos contra la violencia doméstica, pero, a la hora de ayudar a las víctimas, sigue habiendo grandes lagunas. «Yo solo veo publicidad, no hechos. No hay guardias civiles preparados, no tengo un psicólogo para mí ni para mis hijos y la jueza aún le pide disculpas a mi exmarido por molestarle», relata indignada.

No concibe que un proceso de separación puede prolongarse durante cuatro años ni que tenga que seguir presentando denuncias, la última este mismo mes, porque se siente acosada por su expareja. «No entiendo esta justicia».

La vida a pie de calle no va al mismo ritmo que en los despachos, y, mientras espera, sigue temiendo que se produzcan episodios como el de ayer «o peores».

La policía local tuvo que intervenir ayer a las puertas del colegio Xulio Camba

La afectada se ve desamparada y se queja de cómo funciona la justicia y la administración

La mancomunidad estudiará la implantación del servicio

El Gobierno gallego no tiene previsto crear un punto de encuentro en O Salnés y la mancomunidad está dispuesta a cubrir esta carencia. El presidente, Gonzalo Durán, anuncia que planteará la demanda de la asociación Esmar en el pleno de aprobación de los presupuestos, que debería celebrarse en diciembre.

En su opinión, la petición de este colectivo está más que justificada y, de hecho, el pleno de Vilanova, que él preside, aprobó recientemente una propuesta en este sentido. La creación de un punto de encuentro también cosechó apoyos en otros municipios.

Durán Hermida es consciente de las dificultades que entraña este reto. Un servicio de este tipo debe dispensarse en unas instalaciones homologadas por la Xunta y estar dotado de personal cualificado. No es lo habitual, pero en ocasiones surgen conflictos entre los adultos a la hora de dejar y recoger a los niños, lo cual hace necesario disponer de un servicio de vigilancia. Y todo ello supone no poco dinero.

«Si hay capacidad económica se puede hacer, depende del compromiso que adquieran los concellos», señaló el dirigente popular. El presidente de la mancomunidad considera que O Salnés tiene entidad poblacional suficiente para albergar un servicio de estas características y acabar, de este modo, con la precaria situación que sufren las familias y, sobre todo, los niños, que se convierten en testigos y víctimas de escenas muy desagradables en plena vía pública.

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