El hombre que vio volar la sopa y durmió de pie

El cosmonauta Mikhail Korneiko compartió con chavales de Vilanova su experiencia de un año en una misión espacial


vilanova / la voz

Cómo se come en el espacio, cómo se duerme, cómo se asea uno y va al baño, cuánto se gana como astronauta, qué se siente a 300.000 kilómetros del suelo… Alumnos de varios centros educativos de Vilanova sometieron ayer a un tercer grado al cosmonauta ruso Mikhail Korneiko aprovechando su visita al municipio para participar en las jornadas «O Salnés mirando ao cosmos», que organiza la mancomunidad. Fue la gran atracción de la jornada, por la mañana mantuvo un encuentro con los niños y por la tarde ofreció una conferencia para hablar de su experiencia en la Agencia espacial rusa.

Korneiko se alejó del planeta en varias ocasiones, la última en 2015, cuando permaneció un año a bordo de la Estación Espacial Internacional. Y más veces lo hubiera hecho de ser posible, pero no es tan sencillo.

Para su primer vuelo estuvo preparándose durante trece años, y su debut lo hizo cuando ya había cumplido los cincuenta. ¿Cuál es la edad apropiada para ser astronauta? Depende, contestó Korneiko; de la preparación y de la salud de cada individuo, porque trabajar en la ingravidez es muy difícil. Con el paso de los años se ha avanzado mucho, pero en los albores de la carrera espacial, los cosmonautas que aterrizaban en tierra tenían que pasarse varios días en silla de ruedas porque sus piernas no los sostenían en pie. Hoy ya no ocurre, aunque los dos primeros días en casa resultan muy duros y deben someterse a un intenso programa de rehabilitación y recuperación muscular hasta recuperar su estado inicial.

Son algunas de las vivencias de las que dio cuenta la estrella del día a preguntas de los chavales, con la mediación de un intérprete, porque Mikjail habló en ruso. También contó alguna anécdota, como que sus compañeros norteamericanos preferían usar el baño de la cabina rusa porque utilizaba un sistema más seguro -un método por aspiración y los desperdicios se depositaban en una especie de contenedor- y que comer fuera de la atmósfera es complicado porque los alimentos pueden acabar estampados en las paredes de la nave. En el espacio «la sopa vuela» y se duerme en una especie de sacos pegados a la pared, que tan pronto pueden estar en posición horizontal como vertical.

¿Y cómo se le ocurrió hacerse astronauta?, indagó otro chaval. Como otros muchos chicos de la Rusia de los años sesenta, su ídolo fue Yuri Gagarin, el primer compatriota que tocó el cielo y al que muchos quisieron imitar. Él lo logró, aunque no fue fácil. Tuvo que estudiar y formarse a conciencia y hacer muchos sacrificios, «pero recompensa», añadió.

Y así, un día se vio flotando en la inmensidad del universo, literalmente, porque cuando se produce una avería en la nave deben enfundarse esos trajes tan aparatosos y salir al exterior. Es uno de los momentos más peligrosos de su trabajo, junto con el aterrizaje, pero, afortunadamente, él siempre salió bien parado.

Los sonidos de la Tierra

¿Qué es lo que más se echa de menos?, preguntó otro niño. Por supuesto, la familia, los amigos..., y los sonidos y las imágenes del planeta azul, tanto que tuvo que pedir en más de una ocasión que le enviasen fotos y audios para no olvidarse de sus referencias terrenales. Su esfuerzo no fue en vano. Los datos recabados en este tipo de misiones son fundamentales a la hora de preparar las expediciones a la luna y a Marte, porque en un futuro no muy lejano habrá que viajar mucho al espacio, dijo, y no solo por afán de conocimiento sino por necesidad. «La Tierra no da para más», señaló.

Para cuando se dio por concluida la charla, los más pequeños seguían con las manos en alto esperando su turno para preguntar. Había que terminar, pero Korneiko no se fue de Vilanova sin un mural, con cohete incluido, realizado por la clase de cuarto del Xulio Camba, y un sonoro «espasiva» coreado por el público, siguiendo las indicaciones del alcalde Gonzalo Durán. «Yo con casi sesenta años es la primera vez que veo un astronauta, vosotros ya pudisteis conocer uno». El regidor también lo disfrutó.

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