El narco que dejó a Charlín fuera del alijo se apoyó en sus contactos portugueses

El mismo hombre que se aprovechó del nombre del capo arousano decidió prescindir de él ante su falta de recursos

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Vilagarcía / La Voz

Que Manuel Charlín Gama y su hijo Melchor hayan eludido la prisión en la operación Barranca Bermeja tiene mucho que ver con la forma en la que evolucionó el alijo de 2,7 toneladas de cocaína interceptado esta semana frente a las Azores, cuando navegaba hacia la costa gallega a bordo del remolcador Titán Tercero. Fuentes de la investigación confirmaron ayer lo que las escuchas del Grupo de Respuesta Especial contra el Crimen Organizado (GRECO) del Cuerpo Nacional de Policía dejaban entrever con cierta claridad: uno de sus colaboradores trató de puentear al capo arousano, tras aprovecharse de su reputación y su agenda para poner en marcha el negocio. Y por lo visto, lo consiguió. Hasta el punto de que el juez titular del número 4 de Vigo mantiene al patriarca y a su vástago como investigados por un presunto delito de pertenencia a organización criminal ?ambos tendrán que comparecer cada quince días en sede judicial? pero no ve acreditada su relación directa con el envío abortado.

El trabajo policial de año y medio que condujo al abordaje del Titán en la madrugada del martes sitúa a dos individuos en el centro de la trama: Víctor Manuel Pérez Santos y Luis Manuel Rodríguez Parada, a los que posteriormente se une Rafael Díez Martínez. Los tres ingresaron en prisión tras prestar declaración el viernes, en Vigo. Las pesquisas concluyen que Pérez Santos parecía estar en contacto con el grupo que podría enviar la cocaína, mientras que Parada se encargaría de la logística del transporte, un ámbito en el que Díaz, y más tarde Jacinto Santos Viñas, también encarcelado, se movía como pez en el agua. Las diligencias se hacen eco de que lo que comienza a aflorar ante sus ojos no es una estructura piramidal clásica, con una cabeza visible y una fuerte jerarquización, sino una serie de grupos especializados que se asocian puntualmente para ejecutar un golpe.

De las conversaciones interceptadas se desprende que los muñidores del alijo ?o alijos, porque los datos sugieren que al menos hay dos operaciones en marcha? buscan socios para llevar a buen puerto lo que tienen en mente. Entre ellos, una cabeza de puente que ofrezca garantías al otro lado del Atlántico y posea una cierta infraestructura. De ahí que, en un momento dado, algunos de los implicados sostengan que la «semilla» de gente como Sito Miñanco es mejor que la del «viejo», término con el que aluden al veterano Charlín. Pero lo cierto es que acaban contactando con él. Los diálogos de esta primera fase del alijo abundan en referencias al capo vilanovés, a su hijo, al que llaman Choujón, y a los porcentajes de beneficio que están en juego.

Los agentes deducen que Víctor Pérez se pone al servicio de Charlín y de Melchor, buscando la forma de introducir mercancía en la Península, bien por vía portuaria, a través de Portugal, bien mediante un pesquero de bajura con base en Muxía. Al mismo tiempo, Parada tantearía a empresas sudamericanas que exportan productos como carbón y piedra a fin de camuflar el envío.

El caso es que Charlín parece activar ciertos contactos en Portugal, de forma que Pérez Santos y el propio Melchor cruzan en diferentes ocasiones la frontera. Son sorprendidos en conversaciones que se refieren a «licencias para llevar el coche», lo que la policía interpreta como un empleo claro de un lenguaje simulado que, en realidad, alude a la licencia de patrón de embarcaciones. Existe constancia de que Pérez acude a dar cuenta de la marcha de las negociaciones a la casa del patriarca, en Vilanova, con cierta asiduidad.

Algo se rompe, sin embargo, en octubre del año pasado. Es entonces cuando el GRECO percibe, por primera vez, que el colaborador de Charlín está pensando en jugársela y prescindir del clan arousano en su propio beneficio. A los portugueses, desde luego, no les gusta un pelo que Melchor dé instrucciones, probablemente de su padre, para que nada se mueva hasta enero. En cambio, en sus conversaciones, Pérez da muestras de haber tejido una razonable confianza con los contactos lusos y, de hecho, concierta con ellos su vuelo a Sudamérica a través de Lisboa. Se compinchan, de hecho, y quedan de acuerdo en lo que deben decirle al hijo del patriarca. «No te vaya a decir que va otro, tú di que tengo que ir yo, ¿eh?, que la gente de allá quiere que vaya», le insiste Pérez a sus nuevos aliados.

Tres semanas en Sudamérica

Según las diligencias, el hombre que va a puentear a Charlín vuela a mediados de enero a Ecuador, se entrevista con varios individuos vinculados al narcotráfico y se desplaza con ellos a Colombia. La estancia dura unas tres semanas y, de acuerdo con la investigación policial, es sufragada por la organización portuguesa. Es el principio del fin para los intereses de los Charlines. En una conversación intervenida en febrero, Pérez, ya de vuelta, advierte al enlace portugués de que evite nombrar a los «Manolos» en presencia de Melchor, cuyas visitas a Portugal son continuas y denotan una preocupación creciente, para mantener los contactos de la otra rama de la trama, la que prepara la infraestructura náutica, al margen del patriarca. Un mes después, otra charla pone de manifiesto, ya, que la intención de su antiguo colaborador y de los portugueses es prescindir de los Charlines. A partir de entonces, se esfuman de las conversaciones. Ya no pintan nada.

¿Por qué? Los investigadores entienden que, más allá de su agenda, Charlín carece de recursos y liquidez. ¿Para qué contar con él una vez que el asunto está en marcha? Al fin y al cabo, quien mejor lo expresó fue uno de los implicados en los primeros pasos del alijo: «Tiene historia, pero no tiene nada».

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