Las propiedades privadas son las que más amenazan ruina en el amplio inventario

Rocío García (Deza) María Cobas (Ourense) y Rosa Estévez (Arousa)

Porque las actuaciones sobre el patrimonio histórico son muy gravosas y complicadas o por falta de sensibilidad, coincide que las torres de titularidad privada son las que presentan un peor estado de conservación, como ocurre en los casos de A Pulga (Toén) y O Torán (Taboadela). Y allí donde están bien conservadas, como ocurre en Tebra (Tomiño) o en Miranda (Vilanova de Arousa), no pueden ser visitadas.

La Diputación de Pontevedra también ha sido un caso singular a la hora de apoyar la recuperación del patrimonio. Desde hace años, mantiene en perfecto estado y abierto al público el castillo de Soutomaior, donde acaba de iniciar la representación de teatralizaciones. Y recientemente, este organismo ha asumido la gestión de la fortaleza de Sobroso (Mondariz), que es propiedad del Concello de Ponteareas. Este municipio adquirió hace años el castillo, evitando su ruina, aunque las dificultades económicas por la que atraviesa le llevaron a pedir auxilio. La Diputación de Ourense ha hecho lo propio con el Pazo de Vilamarín, torre en la que puede visitarse una exposición de Xaime Quessada.

Estado y Xunta mantienen una actitud tibia respecto a sus propiedades, como los castillos de Rande (ruinas en Redondela) y Monterrei (con gran polémica). El Monterreal de Baiona fue una excepción.

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Las propiedades privadas son las que más amenazan ruina en el amplio inventario