Viaje a la Arousa de hace un siglo gracias a la fotografía de Ruth Matilda Anderson
VILAGARCÍA DE AROUSA
La Hispanic Society digitaliza sus más de cinco mil instantáneas, entre las que se encuentran postales de Vilagarcía, Catoira y Cambados
03 oct 2026 . Actualizado a las 05:00 h.Existe una vieja y paradójica constante en nuestra historia cultural: a menudo ha tenido que ser la mirada exterior, libre de prejuicios, la que la descubra, rescate y venere con mayor devoción. Esta fascinación trasatlántica, que hoy vuelve al primer plano en la película La bola negra de Los Javis, no es un fenómeno nuevo. Ya en la década de 1920, la Hispanic Society of America (HSA) demostró un amor y una curiosidad por nuestras raíces que aquí apenas despuntaba; un empeño encarnado en la figura de Ruth Matilda Anderson, la investigadora y fotógrafa estadounidense que recorrió la ría de Arousa y Galicia entera con un objetivo etnográfico: documentar y salvar del olvido la memoria de una cultura popular que corría el riesgo de extinguirse en silencio. La HSA ha dado un impulso a su legado democratizando el acceso a una parte fundamental de su trabajo: sus más de cinco mil instantáneas tomadas en este período.
Pero, ¿quién es esta mujer que en las últimas semanas ocupa los titulares? Ruth Matilda fue una mujer poliédrica, difícil de definir en una sola palabra, si le preguntan a la traductora y editora Alba Rodríguez Saavedra (Teo, 1980), autora del libro Ruth Matilda Anderson. Tradutora das marxes. «Chegou a nós moi tarde e só como fotógrafa, pero foi moito máis que iso: unha intelectual, tradutora, etnógrafa, docente e ata decoradora de interiores, pero esa é outra historia», apunta medio en broma medio en serio
Ruth nació en 1893 en Nebraska; hija de un fotógrafo, pronto empezó a interesarse por la profesión. Se especializó en este ámbito en la ilustre Clarence H. White School of Photography de Nueva York, donde también estudiaron otras mujeres relevantes como Dorothea Lange o Margaret Bourke-White. Es importante reflexionar sobre el talento de la autora, pero también sobre las posibilidades que le brindó su familia, cuya sensibilidad hacia las artes dio alas a una mujer que, de no ser así, quizá nunca hubiera llegado hasta nuestros días. Es difícil imaginar cuántas mujeres talentosas no tuvieron la misma suerte.
A su vez, en la década de los años 20, el filántropo y millonario Archer Milton Huntington decide fundar la Hispanic Society of America, dada su pasión hacia nuestro país. Huntington quería llevar a cabo una especie de experimento: una campaña de campo enviando a una fotógrafa a España para que retratase cómo el avance de la industrialización estaba enterrando lo tradicional, las costumbres y los modos de vida populares.
Galicia no iba a ser la elegida
Es curioso que, entre las opciones territoriales, Galicia no era el caballo ganador de Huntington: «Non lle gustaba nada esta terra, el era un namorado do sur. O norte de España parecíalle rudo e inhóspito», recalca Alba. Fue Anderson, una mujer curtida en Nebraska, la que supo ver la belleza de Galicia, donde «rematou creando lazos indisolubles».
Ruth Matilda llegó a la comunidad en un buque cargado de material fotográfico que arribó a Vigo en 1924. «Realizou unha de investigación de 18 meses que non só se baseou en imaxes, senón tamén en cadernos de campo», aclara la experta. Vino con los deberes hechos: había leído a Murguía y estaba fascinada por Rosalía de Castro. «Fixo un retrato marabilloso dunha época en cambio, centrada no retrato de mulleres e na infancia, dous suxeitos que a moitos homes de altura se lles esqueceu tratar», ironiza Alba.
Así, pasó de Vigo a Pontevedra y alrededores y llegó a O Salnés, donde hizo parada en Vilagarcía, retratando tanto a los trabajadores del mar como el balneario de A Concha o a niños jugando en la playa. En su segundo viaje, datado entre 1925 y 1926, volvió a la comarca e hizo parada en Cambados, visitó la iglesia de San Benito y el barrio de San Tomé. En esta segunda etapa también aprovechó para visitar Catoira, donde retrató a los campesinos de Gondar.
En total, la fotógrafa hizo cuatro incursiones a España hasta 1930. Ruth Matilda fue un personaje exótico para su época: mujer independiente, estudiada, viajando, cargada con su cámara, con ropas modernas... Sin embargo, y en sus fotografías se puede apreciar, empatizó con los habitantes de la zona, tendió puentes y echó raíces: «Aprendeu galego para poder comunicarse mellor. Non foi unha persoa que estivera de paso; estableceu relacións e entrou en todas as cociñas, literal e metaforicamente», comenta la editora.
Un «recuncho» gris
Ruth publicó en 1939 un libro sobre sus vivencias en la comunidad, Gallegan Provinces of Spain: Pontevedra and La Coruña, donde narra un sinfín de anécdotas de sus andanzas: «Conta que hai mulleres que lle piden que as leve con ela aos Estados Unidos porque os seus homes, irmáns ou fillos estaban alá e elas, e cito textualmente, ‘quedaban esquecidas neste curruncho gris do mundo'». El libro la consagraría no solo como retratista, sino también como etnógrafa.
La autora vivió una vida larga dedicada a la investigación y, aunque su trabajo fue valorado en su época, su reconocimiento a este lado del charco llegó más tarde gracias al papel fundamental de la HSA. Su legado tiene mucho de especial porque, al situar su cámara a la altura de los ojos de los trabajadores, los niños y las mujeres de la ría de Arousa, Anderson obró un milagro inédito para la época: despojó al entorno rural de todo cliché pintoresco para convertir lo cotidiano y lo ordinario en un retrato monumental de dignidad humana. Su obra nos devolvió el reflejo de una Galicia trabajadora y real, mostrándonos las vidas de las clases populares como nunca antes se habían visto.