O Carril agota en dos horas nueve mil raciones y tres toneladas de almejas
VILAGARCÍA DE AROUSA
La fiesta prescinde de nombramientos y va al grano del meollo gastronómico
09 ago 2026 . Actualizado a las 20:30 h.Entre otras muchas cuestiones, el divorcio entre la Cofradía y la Asociación de Parquistas ha ejercido un efecto notable sobre la celebración de la Festa da Ameixa do Carril, un clásico de la gastronomía arousana que, de alguna forma, parece regresar a su modelo original. Cuando nació, en 1992, la cita culinaria echaba mano de todo el mundo en un intento por hacer brillar el producto estrella del nucleo septentrional de Vilagarcía. Se trataba de ir al grano y de que tanto los visitantes como los vecinos de la comarca saboreasen el molusco rey de sus playas en un momento óptimo. Con el tiempo llegaron la Orde da Ameixa, los nombramientos de damas y cabaleiros, los pregones y el ornato. Este domingo, sin embargo, O Carril cerró la celebración sin una sola distinción, más allá de los elogios a la calidad y la cantidad de lo que había sobre los platos. Que, por cierto, se agotaron en un par de horas. Entre las doce, cuando los fogones instalados en la lonja comenzaron su trabajo, hasta las dos de la tarde, momento en el que no quedaba una sola concha por cocinar, fueron consumidas unas nueve mil raciones. Tres toneladas de almejas, que se dice pronto.
La fiesta ha experimentado, también, un cambio de fechas que está lejos de satisfacer a todo el mundo. Durante largos años, la degustación marcaba la conclusión de los festejos patronales de Vilagarcía, el tercer domingo de agosto, horas después del multitudinario Combate Naval a base de fuegos de artificio. Nada de malo tendría su nueva ubicación en el calendario, de no ser porque coincide ahora con la romería que O Carril dispensa a San Roque en torno a su capilla del monte de A Tomada. «A isto deberían darlle unha volta, porque non hai por que matar unha festa coa outra», señalaba allí mismo, a pie de pulpeira, un veterano carrilexo. El hombre recuerda los tiempos en los que la arboleda se quedaba pequeña y los antiguos propietarios de la parrillada A Ponderosa, de Bamio, daban a probar los contundentes chorizos que les proporcionaban unos porquiños de dimensiones pantagruélicas. Abajo, junto al malecón, un auténtico gentío ignoraba el orballo y se ponía las botas bajo la carpa de la Ameixa: «Non era mellor agardar?». Quién sabe.
Venta directa y en línea. Aunque las colas acabaron llegando, la idea de vender anticipadamente los tiques, tanto física como virtualmente, ahorró bastante tiempo de espera bajo la carpa de la lonja, abarrotada.