Las 48 horas de fútbol llenaban el campo de tierra de O Cavadelo de miles de aficionados que acudían a ver los partidos del torneo a cualquier hora del día o de la noche porque los encuentros se sucedían
07 jul 2026 . Actualizado a las 11:55 h.El cronista Fernando Salgado inmortalizó aquel céntrico rectángulo de juego bautizándolo con un apelativo que reflejaba su indomable atmósfera: el pequeño Maracaná de Arousa. En aquellos terrenos urbanos donde hoy el cemento impone su gris monotonía, se erigía antaño un feudo de tierra batida, un espacio libre donde el polvo se fusionaba con el grito sagrado del gol. Allí se celebraba el acontecimiento más esperado del estío balompédico local: una maratón de dos jornadas ininterrumpidas que convertía a la localidad en el epicentro de la devoción futbolística, congregando a cerca de dos mil almas en su jornada de clausura año tras año.
El éxito de aquella cita se sostenía sobre pilares inamovibles. El torneo se había convertido en un rito dentro del calendario: puntualmente, el primer viernes de julio a las ocho de la tarde, el balón comenzaba a rodar y no paraba hasta la misma hora del domingo. Durante ese fin de semana, Vilagarcía se transformaba. Cualquiera que transitase por sus calles terminaba contagiado por el magnetismo de la competición. El graderío improvisado se abarrotaba de manera constante, sin importar el renombre de las escuadras en liza; el espectáculo residía en la continuidad, en el juego puro y en el ambiente festivo de un recinto donde la entrada era libre y el único desembolso consistía en las consumiciones de la cantina.
Su origen se remonta a 1984, cuando la peña madridista Derby, liderada por José Manuel Pérez Vallejo, decidió plantar la semilla junto a Julio Túñez y Chicho Fernández. El germen provino de una iniciativa de 24 horas en Valga. Como O Cavadelo ya acogía campeonatos de veteranos, el grupo promotor aplicó su conocimiento para dar el gran salto.
En la cita inaugural el formato fue de un día completo, coronando al Bar Derby de Padrón. Tras el triunfo del Videotecas 2000 en la segunda edición, se decidió extender el torneo a las 48 horas definitivas. Aunque la ambición inicial apuntaba a reunir a 64 colectivos, la organización prefirió consolidar un cuadro de 32 equipos, estableciendo una ronda inicial con eliminatorias a doble partido. El poder de convocatoria era tal que las plazas se agotaban por completo casi tres semanas antes del inicio.
Con los años, el prestigio del torneo creció por la geografía gallega, impulsado por el nivel de los futbolistas y los atractivos incentivos económicos. Escuadras como el Comercial Tomé de Cangas, Autos Hermanos Santomé de Moaña, o los locales Pub Musaraña y Santa Rita Homes, junto a conjuntos llegados de Astorga como el Pub Cuadros, inscribieron sus nombres en el palmarés entre 1986 y 1992.
Ese último año marcó un punto de inflexión. Absorbido por la gestión de las fiestas locales, Pérez Vallejo cedió el testigo a Chicho Fernández. El nuevo director buscó mudar la fórmula trasladando la competición al pabellón de Fontecarmoa bajo la modalidad de fútbol sala. Si bien la respuesta de las plantillas fue masiva, el experimento adoleció de un vacío insalvable: faltaba el calor de las masas, ese graderío humano desbordante que constituía el corazón de la cita. Tras intentar jugar las finales de madrugada, Fernández comprendió que la esencia no se podía cambiar. En 1995, el torneo regresó triunfalmente a su cuna de tierra en O Cavadelo, celebrando su reencuentro con un campeón histórico, el Rossol, y contando con la presencia del célebre deportivista Fran para la entrega de trofeos.
La página más dramática se redactaría en el verano de 1996. Las escuadras de Disco Bar Stilo y Modas Rubens llegaron al duelo decisivo en un clásico que enfrentaba a Catoira con Arousa. El encuentro concluyó con un empate a cero tras la prórroga. Lo que vino después formaría parte de la mitología deportiva local: una tanda de dieciocho penaltis bajo una presión inimaginable. La multitud desbordó los límites del terreno e invadió los márgenes del área. Los lanzadores debían iniciar su carrera metidos entre la muchedumbre, que observaba a escasos centímetros. La tensión se rompió en el noveno lanzamiento, cuando el disparo de Fontán se perdió fuera y Busto batió las redes para sellar la gloria eterna del Disco Bar Stilo en el polvo del inolvidable Cavadelo.
Esa fue la penúltima edición de la competición. La última llegaría al año siguiente y se decidiría también en la tanda de penaltis, en la que el Modas Rubens, con el entonces capitán del Arousa Gabriel a la cabeza, se impuso al Sobradelo. En las alineaciones de ambos conjuntos nombres mítico del fútbol comarcal, como el ya citado Gabriel, Fontán, Miguel Ángel o Avilés, que se llevaría el consuelo de ganar el trofeo al portero menos goleado pese a caer en la final.
Poco después empezaron las obras para construir lo que hoy es un aparcamiento y aquel fútbol de arena, madrugadas golfas y domingos resacosos quedó en el olvido. Ahora, allí hay un skate park y canchas de fútbol y de baloncesto, pero lejos parece la posibilidad de que se repita algo similar a lo que sucedía hace tres décadas cada primer fin de semana de julio.