Marcos García: toda una vida sobre el césped

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

MONICA IRAGO

Primero jugador, luego entrenador y ahora coordinador, ha vivido todas las facetas en varios clubes

16 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

«Dime nombre completo y año de nacimiento». La respuesta llega rápida, sin rodeos: «Marcos García Casenave, 6/6/1980». Así se presenta un hombre al que en el fútbol de base de la comarca de O Salnés todos conocen simplemente como Rebo. Lo de Rebo, aclara, le viene de familia: «Por mi padre, por su apellido, y me quedó así ya de toda la vida».

Su historia con el balón empezó pronto, casi antes de tener uso de razón. «A jugar, desde los 5 años», dice. Creció en el fútbol modesto, pero pasando por equipos como el Arousa y también por el Boiro durante una temporada. Años de vestuario, barro y amistades que forjaron una identidad ligada para siempre al césped.

Sin embargo, su salto a los banquillos no fue fruto de una planificación meditada, sino de un golpe inesperado de la vida. «Me dio una trombosis en la pierna, estaba de baja y me dijeron que, bueno, para distraerme…», recuerda. Ese consejo marcó un antes y un después. Con 30 años comenzó a entrenar en el San Martín. «Empecé allí entrenando alevines». Lo que nació como terapia se convirtió en vocación.

Cuando llegó el mazazo inesperado de la trombosis estaba en el Faxilde, con Lino González. Recuerda aquella etapa de cambios, traslados y compañeros que se marchaban al Arousa. «Yo tuve que dejarlo en la pretemporada», apunta. Pero el fútbol, lejos de abandonarlo, le ofreció un nuevo camino. «Me dijeron: vete allí a entrenar». Y fue.

En el club vilaxoanés coincidió con Pepe García, el presidente, con quien había compartido partidos en el Don Simón. «Me pasé allí en alevines dos años, en infantil también y después estuve de coordinador cuatro años». Una trayectoria que, paso a paso, fue ampliando responsabilidades. La pandemia no frenó su implicación. Antes de que estallara la crisis sanitaria, dio el salto al juvenil de su club actual, el Bamio. Más tarde llegó la propuesta del sénior. «Y hasta ahora, hasta el día de hoy». Juveniles, sénior y finalmente coordinador: una progresión natural para alguien que entiende el fútbol como trabajo colectivo.

El trato con los progenitores

Pero si entrenar exige paciencia, coordinar multiplica el desafío. «Lo más difícil es tratar con los padres», reconoce sin dudar. No habla desde la queja, sino desde la experiencia. «Si mi hijo está en Vilagarcía, venir en coche hasta aquí… eso es lo más complicado». La logística, los desplazamientos y las expectativas familiares forman parte del día a día. El club compite además con estructuras mayores. «No es porque sea un club humilde ni nada, es por el tema de desplazarse», dice refiriéndose a la dificultad de conseguir jugadores para los equipos de las categorías inferiores. Mientras otros equipos entrenan en distintas instalaciones, él explica a los padres la realidad del proyecto. «Yo hablo en verano con 40.000 padres y es complicado traer a niños». La cifra es hiperbólica, pero refleja la intensidad de esa labor invisible. El problema es que el Mary Paz Vilas, que es el campo del Bamio, obliga a un desplazamiento en coche de cerca de un cuarto de hora desde Vilagarcía y esto echa para atrás a muchos progenitores a la hora de elegir el club verde como destino. Aun así, Rebo destaca la colaboración de muchas familias. «Hay padres que se comprometen mucho, afirma». En categorías como alevines o infantiles, el equilibrio es delicado. «Tengo que dejar niños fuera de la convocatoria en algunos partidos», dice refiriéndose al conjunto alevín, del que es entrenador. A veces toca reorganizar plantillas, mover jugadores «de un equipo para otro» y gestionar sensibilidades.

«Hay que ir tirando, no queda otra», resume. Marcos García Casenave no habla de títulos ni de ascensos. Su relato está hecho de nombres propios, categorías inferiores y conversaciones a pie de campo. De niños que empiezan con cinco años, como él empezó un día, y de padres y madres que aprenden que el fútbol base es algo más que resultados.