Lo citan para una mesa electoral y está a doce mil kilómetros de Vilagarcía

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

El Plan Pangea

«Qué mala suerte», pensó Rubén Solla cuando recibió el aviso en Argentina

24 may 2024 . Actualizado a las 10:53 h.

Hace ya cerca de dos años que Rubén y Anxela decidieron dar un giro total a sus vidas y embarcarse en lo que denominaron El Plan Pangea: recorrer América de Sur a Norte en furgoneta y contarlo a través de las redes para intentar sacarse un dinero con el que sufragar parte del viaje. Las cosas no le van mal en ese sentido. «Ya hemos recorrido una gran parte de Uruguay y Brasil, y ahora el objetivo es conocer todas las provincias argentinas. Yo nací en Argentina y el hecho de poder volver ahora después de tantos años a recorrer el país de esta manera es algo único. Lo que estamos viviendo a cada paso del camino nos enriquece un montón: conectar con la gente local, conocer diferentes culturas, y disfrutar de toda la riqueza natural», afirma Rubén.

Un viaje lleno de aventuras, risas, y también con un más de un contratiempo inesperado, pero lo que no podían esperar era el susto de hace unos días. «El pasado miércoles 15 un familiar que reside en la misma casa donde estamos empadronados me dijo que lo acababan de llamar del Ayuntamiento para informarle de que habían intentado varias veces entregar una notificación a mi nombre sin éxito, por lo cual iban a dejarla en la portería del ayuntamiento para que alguien la retirara. Cuando fueron a buscarla al día siguiente, nos enteramos de que yo había sido citado como miembro de la mesa electoral para las próximas elecciones europeas», recuerda. Y ahí llegó el terremoto. «Pensé, qué mala suerte. Nos encontrábamos bastante lejos y nunca me había visto en esa situación. Además, en la carta te remarcan muy claramente que tiene carácter obligatorio y que las consecuencias de no asistir pueden ser incluso de pena de prisión», apunta Rubén.

Rubén y Anxela estaban en ese momento en El Chaltén, un pequeño pueblo de la Patagonia argentina, a unos doce mil kilómetros de Vilagarcía. Así que, a la vez que las gestiones, comenzaron los cálculos de un hipotético viaje. «Muy probablemente tres aviones solo de ida y calculo que sobre los 1.500 euros de gasto», explica. La cosa pintaba mal, porque no tenían una oficina cerca, ni mucho menos, a la que dirigirse. «En estas situaciones, cuando surgen este tipo de burocracias con España, siempre pensamos ‘A ver cómo explico yo que vivo en una furgoneta por el mundo’. Este estilo de vida pseudonómada tiene ciertas complicaciones o lagunas que no todos aceptan como circunstancias válidas. Por suerte, el proceso para presentar las alegaciones está bastante claro en la propia notificación: te indican una dirección de e-mail a la que dirigirte y un número de teléfono», destaca.

El carrusel de llamadas

Así que comenzó a hacer llamadas y a enviar correos para intentar solventar la situación, pero sin mucha suerte en un principio. «Vía e-mail primero y luego con llamadas telefónicas. Lo cual me iba preocupando más y más, puesto que fui consciente de la citación un jueves, previo al viernes festivo. Mis intentos de llamada del lunes y el martes siguientes no tuvieron éxito desde Argentina. Y se supone que cuentas con solamente siete días para presentar alegaciones», recuerda. Ahí ya comenzó a preparar un plan de vuelo, por si acaso. «Habría tenido que comprar un vuelo interno desde la provincia de Santa Cruz hacia Buenos Aires o Santiago de Chile, ya que son los dos aeropuertos internacionales más cercanos desde mi ubicación. Y desde allí volar a Madrid o Barcelona, para finalmente tomar un último avión hacia Santiago de Compostela o Vigo», explica.

Hasta que surgió el comodín de la llamada nacional. «Se me ocurrió que mi hermano intentara llamar por mí desde España y a él si le atendieron, y fue cuando le confirmaron la recepción del correo electrónico y le comunicaron que la junta se reuniría en los siguientes días para aceptar o no mi argumento», apunta.

«Para poder votar tendríamos que ir a Buenos Aires»

Las buenas noticias llegaron el pasado miércoles, cuando le confirmaron por correo electrónico que «habían aceptado la excusa», que esa fue la respuesta textual que recibió. El problema surgido con la citación para la mesa electoral llegó además, en pleno quilombo entre los gobiernos de Argentina y España. Sostiene Rubén que en ningún momento pensó que eso tuviera algún tipo de influencia en la burocracia a la que se iba a tener que enfrentar. «Realmente no, porque los problemas diplomáticos entre ambos países surgieron relativamente hace poco, y si bien desde mi punto de vista creo que pueden empezar a traer inconvenientes a los españoles residentes en Argentina y viceversa no creo que se vean reflejadas las consecuencias tan rápido», dice.

Anxela y Rubén estuvieron viviendo durante cinco años en Dublín antes de comenzar su aventura del Plan Pangea y en Irlanda no encontraban mayores problemas para poder votar. Ahora, sin embargo, es una misión casi imposible de la que ya desisten. Ellos entran en cada país como turistas, es decir no tienen residencia fijada, y eso lo complica todo. «Para votar desde el extranjero sin ser residente, según hemos leído, tendríamos que ir personalmente al consulado, en este caso a Buenos Aires (ahora mismo estamos a 2.500 kilómetros de distancia), allí registrarnos como no residentes y solicitar el voto, pero necesitas también un domicilio al que te van a enviar el voto por correo», explica Rubén, que bromea diciendo que el sistema de votación no está pensado para la gente que vive en una furgoneta, como ellos. «Seguro que hay muchas razones que desconocemos, pero lo primero que piensas siempre es que por qué no se puede votar con certificado digital, por ejemplo», razona.

Una vez solventado el susto electoral, toca seguir rodando en la furgoneta y contándolo en El Plan Pangea. Asegura Rubén que las cosas no les van mal, por el momento. «Estamos muy contentos con cómo va creciendo el proyecto. En este año y poco que llevamos en las redes se ha creado una comunidad muy sana alrededor de El Plan Pangea, y ya estamos cerca de los 20.000 suscriptores en YouTube. Empezamos a tener los primeros contactos con marcas y empresas que se interesan en el proyecto. Y eso nos da alas para continuar. Es una carrera de fondo que lleva tiempo para que cubra el 100% de tus gastos, pero es algo que disfrutamos de hacer mientras viajamos. Y todo va en la dirección correcta», concluye.