El adiós a los semáforos de la avenida de Cambados pone a prueba a peatones y conductores

Antonio Garrido Viñas
antonio garrido VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

Martina Miser

Más de un susto y una pizca de confusión dejaron el arranque de las obras

25 ene 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

«Empecé a contar los coches que pasaban sin parar en el paso de peatones y llegué hasta veinte», contaba a media mañana una vecina de Vista Alegre sobre su travesía hasta el barrio de O Piñeiriño. Lo contaba y se refería al paso de peatones que da inicio a la avenida de Cambados, cuyos semáforos fueron retirados ayer, y por el que cruzan centenares de personas cada día. La escena se repitió durante toda la mañana en medio de la confusión. Hacia las once, una mujer con una silla en la que llevaba un bebé también dudaba. Lógico ante la velocidad a la que circulaban algunos conductores, que no invitaba a pensar que se fueran a detener. Alrededor de las dos de la tarde, una mujer de avanzada edad que iba de la mano de otra más joven hacía amagos antes de lanzarse al paso de peatones. Cruzar, a sus años depende, en buena medida, de que los vehículos hagan lo que tienen que hacer y paren para ceder el paso. Sucedió, por supuesto, pero quizás por la falta de costumbre no pasaba a la primera. En realidad, el inicio de las obras de la rotonda ha puesto a prueba la convivencia entre vehículos y peatones.

La señalización no lo pone demasiado fácil. Unas vallas, varias de las cuales aguantaron poco tiempo de pie por el viento, anuncian con unos letreros en el cruce entre la rúa Mondariz (donde están los aparcamientos disuasorios) y la avenida de Cambados que la acera está cortada por obras más adelante. Para cruzar hacia Vista Alegre hay, por lo tanto, dos opciones: retroceder y dirigirse hacia el cruce con la rúa Camilo José Cela o aventurarse hacia el paso de peatones de marras. En el proyecto está previsto un nuevo paso de cebra más o menos a mitad de ese camino, pero alguien decidido que era mejor o más práctico dejar el que va a desaparecer sin semáforos que ayuden a los peatones a cruzar que pintar el nuevo antes de nada. En la rúa Fontecarmoa sucede lo mismo: una valla en una acera informa que más adelante están los obreros trabajando.

En realidad, que se puede cruzar o no por el paso de peatones no es algo que no estuviera ayer todavía muy claro. Hay unas vallas, con su cartel, pero que pronto fueron apartadas y entre las que pasaban sin problemas los peatones. Es probable que la Policía Local acudiera también par informar a los viandantes, pero no consta.

Incidencias, en fin, de los primeros días que poco a poco irán, seguramente, desapareciendo a medida que vayan avanzando los trabajos de una obra que servirá para aliviar el tráfico de entrada y salida tanto a Fontecarmoa como a O Piñeiriño. En apenas unos días, cuando se produzca el cambio de sentido en las rúas Manuel Antonio y Vista Alegre llegará otra prueba. Complicada, porque hay muchas señalización que cambiar.