La mujer que cultivó el feminismo paso a paso en el ámbito rural

Serxio González Souto
serxio gonzález VILAGARCÍA / LA VOZ

VILAGARCÍA DE AROUSA

Teresa Cuíña recibió el homenaje del Concello de Vilagacía en el 8M del 2019
Teresa Cuíña recibió el homenaje del Concello de Vilagacía en el 8M del 2019 MARTINA MISER

Teresa desbrozó el camino de la igualdad y la dignidad en las aldeas de Arousa

13 jul 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

«Tú nos enseñaste a ser independientes, a saber que podíamos ir a tomar un café solas al bar». Difícilmente una sola frase podrá condensar tanto significado como esta declaración de la asociación de mulleres rurais de Guillán acerca de Teresa Cuíña, hace dos años, en la lectura del manifiesto con el que el Concello de Vilagarcía conmemora, cada 8 de marzo, el día internacional de la mujer. Teresa habló entonces para perfilar con datos la desigualdad de género que sigue dominando la sociedad gallega, la brecha salarial, el desequilibrio en la atención a la familia, al hogar, a las personas dependientes, el sobreesfuerzo, la invisibilidad, en demasiados casos. El de Teresa fue, aquel día, un discurso sobrio, claro, contundente, preñado de la legitimidad conferida por sus años de trabajo en el ámbito rural, que desbordaron con mucho sus obligaciones como responsable de la delegación de Medio Rural en la zona. No es extraño que las muestras de dolor se multiplicasen este fin de semana en Vilagarcía, al conocerse que Teresa Cuíña había fallecido. Ese mismo corazón que tanto hizo por mejorar la vida de los demás acabó por fallarle a los 77 años, cuando nadie lo esperaba.

Aunque nació en Silleda, en una familia en la que crecieron ocho hermanos, y estudió en Pontevedra, Santiago y Madrid, su papel estará siempre vinculado al entorno de Arousa, donde se estableció en 1971, tras ganar un plaza en el servicio de Extensión Agraria y haber ejercido un par de años en Xinzo de Limia.

En la Galicia de aquel tiempo, el ámbito doméstico se levantaba como un muro erizado de cristales para el desarrollo personal de la mayoría de las mujeres, que en el caso de la aldea se convertía en un foso infranqueable. Teresa comprendió que el proceso de toma de conciencia, el único medio que conduce al ejercicio de los derechos propios, y la conquista de una dignidad y una igualdad más allá de roles sería largo y debería comenzar por lo más simple y cotidiano. Aquellos cursos que hoy, en el mejor de los casos, parecerían inocentes, sobre conservación de alimentos o nociones básicas de artesanía, constituyeron el primer peldaño de la emancipación, como José Ramón Alonso de la Torre escribió en el artículo que dedicó a Teresa Cuíña al hilo de aquel manifiesto del 8M. El primer paso para la reintegración de la mujer como ser dotado de identidad social, independiente de las paredes de una casa, las lindes de una huerta o un certificado de matrimonio. De su mano, en Vilagarcía se fundaron una quincena de asociaciones conformadas por más de un millar de mulleres rurais.

El tiempo, que cicatrizará la pérdida de Ángel, de Mar, de Gonzalo y de sus dos nietos, Gonzalo y Jacobo, acrecentará también el orgullo íntimo de haber compartido su vida con alguien así, capaz de encarnar sin dobleces el lema de Teresa de Calcuta, darse todo y a todos. Un ejemplo imprescindible, por cuanto el camino sigue siendo largo.