a. garrido
vilagarcía / la voz

Arousa se asomó ayer a una desescalada en dos velocidades. La de O Grove y Cambados, sometidos a las máximas restricciones. Y la de Vilagarcía, Vilanova, Meis, Meaño o Ribadumia, situados en un nivel medio alto. Ninguna de las dos es positiva para la hostelería, que o bien se ve abocada a hacer funcionar únicamente sus terrazas, a la mitad de su capacidad, o bien puede aprovechar también el 30 % del interior de los locales, en el mejor de los casos. Para que la gota desbordase el vaso de su paciencia, solo faltaba que el cielo se desplomase sobre las cabezas del sector. Y algo parecido sucedió cuando la lluvia y el viento comenzaron a barrer las calles de buena mañana. La reapertura, en definitiva, arrancó aguada.

En la capital arousana, el abierto enfado de los hosteleros encontró eco entre los miembros del comercio local. A las cinco y media de la tarde, unos y otros salieron al exterior de sus establecimientos portando cacerolas con las que hicieron patente su protesta ante medidas como la obligación de que bares, cafeterías y restaurantes bajen la persiana a las cinco de la tarde. La escena se repetirá cada día, a las 17 horas, en principio hasta que esta situación se modifique.

¿Y el trabajo en sí? Muy discreto. «Ya teníamos ganas de tomar un café con las amigas», comentaba un grupo de mujeres en A Pé de Cuba, en Vilanova. En Vilagarcía, como en O Grove y en Cambados, muchos negocios permanecieron cerrados. Solo tres encendieron sus luces en A Baldosa. En A Alameda, donde la mañana suele ser una fuente de considerable actividad, algo más de ambiente. «Parece que la gente tenía ganas de tomar un café a cubierto», comentaba el propietario de un bar en la calle Rey Daviña. Más contundente, un colega de profesión zanjó el asunto: «Así no hay manera, no abro».

«Que abramos ou non vai depender do tempo»

bea costa

Cambados se encuentra en el nivel máximo de restricción, lo que supone que los locales de hostelería solo pueden servir en las terrazas, hasta las cinco de la tarde y a la mitad de su capacidad. Es difícil que, así, abrir salga a cuenta. Álvaro Fernández Rodríguez es uno de esos empresarios que estuvo mirando al cielo para decidir si lo hacía o no. Al final, se decantó por mantener el cierre porque, en su caso, no le compensa ni montar la terraza ni despachar un vino o una cerveza en el umbral de la puerta: «Que abramos ou non vai depender do tempo».

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El temporal y las restricciones aguan la reapertura de la hostelería en Arousa