Bocaterías y pizzerías tienen en el reparto a domicilio su salvavidas

Además de cocinar, ahora explican a sus clientes que puede seguir llegando la comida a sus casas hasta la una de la madrugada


vilagarcía / la voz

«Si nos dejan mantener el reparto a domicilio, al menos podremos cubrir gastos». Lucas González y su hermano Borja están al frente de La Urbana, en O Castro, y del Madia Leva, en O Piñeiriño. Y es ese reparto el que les permitió sobrevivir durante el confinamiento y al que ahora se aferran para intentar sobrellevar el temporal que se les ha venido encima con el toque de queda. Pelean contra la temprana hora de cierre y contra el lío que tiene la gente en la cabeza. Muchos de sus clientes desconocen que pueden seguir pidiendo sus bocatas y hamburguesas por teléfono hasta más allá de las once de la noche. De hecho, ellos han decidido mantener los teléfonos abiertos hasta las doce de la noche, para que tengan el margen suficiente para limpiar sus cocinas antes de la una de la madrugada, cuando sí deben cerrar el local ineludiblemente.

Lucas afirma que el servicio a domicilio está siendo el salvavidas para sus negocios y lamenta lo que están sufriendo otros como los restaurantes, que sí que lo están pasando mal. «Nosotros al menos tenemos también los cafés o los vinos para ir haciendo caja», subraya. Considera que en estos momentos en los que los horarios, y los aforos, se han reducido, esto debería tener un reflejo también en las tasas. «No es lógico que nos hayan recortado en mesas, barras o horas, pero nos cobren los impuestos íntegramente», razona.

Si en el Madia Leva o en la La Urbana el reparto a domicilio está siendo una ayuda imprescindible, en otro local que también compagina la atención en el establecimiento con llevar la comida a sus clientes es el principal sostén ahora mismo. Carmen está al frente de la pizzería Do Boludo y lo tiene claro: «Sobrevivimos gracias al reparto a domicilio», dice sin ambages. Todo ello en un local como el suyo, que es amplio y en el que las mesas están muy separadas unas de otras, pero no es lo mismo que antes del confinamiento. En aquellos duros meses, ella decidió aguantar y, a pesar de que las primeras semanas fueron muy complicadas, poco a poco fueron remontando.

Ahora se había vuelto a la normalidad, pero a una normalidad complicada en la que, dice, «el toque de queda ha sido la puntilla». Entre eso, y la confusión que se ha instalado en la ciudadanía todo es mucho más duro. «Nos llaman a las diez y media y nos preguntan si nos dará tiempo de poder repartirlo antes de las once. Tenemos que explicarles que podemos repartir hasta la una», cuenta Gloria, que confía en que poco a poco la gente se vaya acostumbrando a estos tiempos tan complicados.

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