La tozudez de las peatonalizaciones

La última polémica llega en O Piñeiriño


Vilagarcía

 Sucedió en Pontevedra, cuando a Lores se le dio por comenzar con una idea de ciudad que ahora es un modelo que todo el mundo quiere imitar. «Este Lores está loco. ¿A quién se le ocurre peatonalizar la calle Peregrina? Va a ser una ruina. ¿Quién va a ir de compras andando?». Todo eso, y mucho más, tuvo que escuchar el regidor de unos ptvs (pontevedreses de toda la vida)... que ahora presumen de que su ciudad salga cada dos por tres en algún telediario de cualquier televisión europea o estadounidense. A Lores el ruido le entró por un oído y le salió por el otro. Y ahí lo tienen. De alcalde perpetuo y recogiendo premios por doquier por esa tozudez.

Sucedió, por supuesto, en Vilagarcía. Más con Rey Daviña que con Castelao. Y mucho más aún, que para algo ya había Facebook y similares, con la plaza de Galicia y con A Independencia. Cierto es que en el primer caso pasó por aquí algo que también habría merecido un hueco en los telediarios: la querencia del personal por acabar en el estanque. Hubo una racha increíble de mojaduras, que llegó a parecer que sucedían a propósito. «Está una noche perfecta para caerme en el riachuelo este y que alguien lo cuente en Facebook para poner a pingar a Varela», debió pensar alguno. Tan súbitamente como aparecieron, desaparecieron los accidentes acuáticos, por cierto.

Y sucedió, como decíamos, con la plaza de A Independencia, donde creo recordar que llegó a haber hasta una recogida de firmas porque estos locos se iban a cargar el parque. Para ver el resultado, solo hay que darse un garbeo por allí cualquier tarde. El lugar ha sido invadido por los niños, que son los más listos, y le han encontrado el truco a un parque que no tiene obstáculos y del que pueden disfrutar en plenitud.

La última polémica por las peatonalizaciones llega en O Piñeiriño. Allí se está probando un sistema que eliminaría los vehículos de la principal calle de entrada al barrio, calle que a veces parecía la recta del circuito de Imola. El guion es el esperado. Ruido y amenaza de recogida de firmas para parar la afrenta al barrio. Todo esto sin que los ofendidos sepan todavía cuál va a ser el plan final. Ha habido hasta algún movimiento de contenedores en un giro surrealista de la situación. De momento, los niños, que insistimos que son los más sabios, ya han aprovechado los tramos ganados a los coches para disfrutar en ellos con sus bicis y patinetes. Es un buen síntoma.

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