Los salones arousanos volverán en julio a celebrar bodas y banquetes

Algunos espacios han perdido hasta el 70 % de la actividad prevista para este año


redacción / la voz

Arousa es tierra de bodas. No solo por las que protagonizan sus habitantes, sino también porque son muchos los vecinos de otras localidades gallegas, y españolas, que eligen uno de sus pazos o salones para festejar sus enlaces. Toda la actividad que tradicionalmente viven en estas fechas estos espacios -cuya temporada fuerte empieza en el mes de marzo- se frenó en seco en cuanto se decretó el estado de alarma por el coronavirus. Y, desde entonces, los gestores de estos recintos no ha parado de aplazar, suspender o modificar las fechas de los eventos previstos. Ahora, están preparado su regreso. La mayoría lo hará a partir del próximo 1 de julio, cuando llegue la llamada nueva normalidad

«Intentamos ser todo lo cautos que pudimos, dando todas las facilidades posibles a los novios para que aplazaran o para que tuvieran una segunda fecha de reserva el próximo año», explica Suso Soya, cuya empresa gestiona en exclusiva los salones de Lagar de Pintos en Ribadumia, O Castriño en Vilagarcía o el invernadero del pazo en Bueu, entre otros. Reconoce que ellos han perdido «gran parte de la temporada» pero que, aún así, han decidido esperar hasta el mes de julio para retomar las celebraciones. «Creímos que era mejor esperar y no empezar en la fase 1. Queremos poner todos los medios a nuestro alcance para evitar que haya contagios y minimizar el riesgo», explica. Esto les ha permitido mantener un 60 % de los eventos previstos inicialmente, que comenzarán a celebrarse a partir del mes de julio. La misma política han seguido en las fincas La Atlántida, en O Grove, y A Golpelleira, en Vilagarcía, dos espacios gestionados por la empresa de Isidro Caballería Poza. «Todas las bodas de marzo, abril, mayo y junio se han desplazado para el año que viene. En total, hemos perdido un 70 % de la temporada», añade Isidro. También aquí confían en poder retomar los festejos a partir del mes de julio. En Casa Rosita, un clásico de las celebraciones nupciales en Cambados, se mantienen a la espera de lo que se decrete en los próximos días. «Todas las que había en primavera se han cambiado para el año que viene y las de verano estamos esperando a ver qué pasa. Pero todas tienen una fecha de reserva para el próximo año», cuentan en este emblemático local.

Novios internacionales

En estos salones explican que hubo novios que, desde un primer momento, decidieron aplazar los festejos. «Teníamos bodas internacionales con gente que venía de Londres, París o Australia que fueron los primeros en aplazarla para el año próximo», explica Soya. «Las primeras que se aplazaron fueron las que tenían novios de otros países», ratifica Caballería. Después, «las mixtas, entre gente de distintas comunidades españolas». Las que han quedado son las protagonizadas por vecinos de la zona o del resto de la comunidad gallega. Aún así, algunos optaron por aplazarlas. «Hay novios que no lo ven posible, otros en cambio lo ven como que esta va a ser su primera gran fiesta con todos sus amigos», cuenta Soya.

Los propietarios de estos salones consideran que el aforo no va a suponer un problema. «Tenemos mesas de dos metros de diámetro y jardines espectaculares en fincas muy grandes», asegura Caballería. Y mientras no se conocen en detalle los protocolos que tendrán que seguir, están trabajando para implantar ya sus propias medidas de seguridad, como mejorar los aperitivos. «Estamos adaptándonos para darle a nuestros clientes toda la seguridad posible y que ellos solo se tengan que preocupar de pasarlo bien», concluye Soya.

La Atlántida y A Golpelleira se reconvierten en restaurantes durante un tiempo

 

 

El estado de alarma cogió a los salones de bodas en pleno arranque de temporada y supuso un frenazo en seco en su actividad en unos meses del año en que esta suele ser frenética, pues en ellos se concentran buena parte de los enlaces. Así que algunos de estos empresarios llevan un tiempo dándole vueltas a proyectos diferentes que les permitan, por lo menos, salvar la temporada y garantizar el empleo a la gente que trabaja para ellos. «Le hemos estado dando vueltas para ver cómo podíamos, por lo menos, mantener los puestos de trabajo. Y hemos decidido reciclar nuestros espacios en restaurantes», explica Isidro Caballería, que gestiona el pazo de A Golpelleira en Vilagarcía y la finca La Atlántida, en O Grove.

Hasta ahora, estos dos espacios solo abrían sus puertas para «banquetes de más de treinta o cuarenta personas». Pero, a partir del próximo 1 de julio, «los abriremos como restaurantes con dos menús, uno de ejecutivo y otro degustación», relata. Eso significa que servirán mesas de dos, tres o cuatro personas. La experiencia se pone en marcha con el objetivo principal de «buscar una fórmula que nos permita mantener los puestos de trabajo. Llevo once temporadas en La Atlántida y la plantilla es la misma con la que empecé. Por eso siempre han sido nuestra preocupación», insiste. Aunque la iniciativa arranca de forma experimental, Caballería no descarta mantenerla en el tiempo si funciona. Pero siempre sin dejar de lado los eventos y celebraciones, que volverán también a estos espacios a partir del próximo 1 de julio.

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