Fernando Simón no desescaló la operación bikini

Pasito a pasito, casi podemos hacer vida normal


Si todo ha ido de la manera habitual, por sus muros de Facebook, Twitter o Instagram, si es que usan estas redes sociales, habrá caído en las últimas horas alguna fotografía (o varias) de las playas abarrotadas de gente. En Tinder, que es otra red social, seguro que no. Allí se va a lo que se va. Se va al grano, y en una playa hay demasiados. Esa foto que el amigo de un amigo ha compartido en su muro, o en su grupo de WhatssApp, vendrá acompañada de un texto apocalíptico del estilo de «Nos vamos a morir todos por culpa de esos irresponsables» o algo similar. A partir de ahí, los comentarios de algunos de sus amigos solo contribuirán a reforzar las opiniones a favor y en contra de los acólitos respectivos.

No se preocupen. No es nuevo. Hemos visto fotografías, y sobre todo, opiniones de todo tipo desde que todo esto arrancó. La mayoría de ellas repetidas y, muchas, fallidas. Porque, a pesar de los peores augurios de quienes hace unas semanas clamaban contra el gobierno por iniciar la desescalada y ahora lo hacen porque no les dejan desescalarse a la velocidad que creen que merecen, resulta que ya hemos llegado a la fase dos. Que en realidad es la tres, porque comenzamos en la cero. Nadie se ha quejado por esto, por cierto. Y me parece un desatino fundamental. Así no se reparte moral entre la tropa. Desescalada en la fase cero. Normal que tanto en Madrid como en Barcelona quisieran que, al menos, les dieran una fase 0,5. Para ver que algo se avanzaba.

El asunto es que «pasito a pasito, suave, suavecito» como cantaba el otro ya casi podemos hacer vida normal. Ya podemos entrar en los bares si se pone a llover y tenemos que huir de las terrazas. Y ya podemos ir a la playa. Y sin tener que hacernos un QR. La mujer de un amigo se pasó buena parte de la tarde del domingo preparando el material para ponerse ayer de nuevo al sol. No es fácil la primera vez, como para encima tener que pelear con el móvil para poder escoger el destino. Aquí, que como mucho miramos la marea, para ver a qué hora está alta, y si sopla mucho de Norte para ir a alguna más playa abrigada que otra. En todo este proceso de desescalada que han diseñado el doctor Simón y sus compañeros solamente hay un problema: en ningún momento se ha hablado de la «Operación bikini». Un error garrafal no haberla tenido en cuenta en el plan. Es cierto que los paseos a velocidad de legionario y las carreras de los primeros días algo ayudaron, pero todo esto tenía unos tiempos, una tradición, que no hemos podido cumplir. Por tu culpa, Fernando Simón, nos tenemos que presentar en las playas con las lorzas en perfecto estado de revista. O más bien todo lo contrario. Te van a poner a parir, compañeiro. Una vez más.

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