Los institutos de Arousa ensayan la «nueva normalidad» educativa

Mesas separadas hasta el extremo, mascarillas cubriendo los rostros, botes de gel por todos lados, y el personal de limpieza trabajando sin descanso... Los alumnos de segundo de Bachillerato se han convertido en la avanzadilla de la escolarización tras el covid-19

Instituto Armando Cotarelo Valedor en Vilaxoán
Instituto Armando Cotarelo Valedor en Vilaxoán

Lunes, 25 de mayo. Arranca la fase dos de la desescalada. Los alumnos de segundo de Bachillerato se han convertido en la avanzadilla de la reconquista de la normalidad en los centros escolares. En Arousa también. Los institutos superaron la mañana de este lunes una dura prueba. Un examen de madurez y de organización, porque si algo tienen claro quienes llevan las riendas de estos centros es que hay que redoblar esfuerzos para «sacar isto adiante como sexa», para «acabar o curso nas mellores condicións» y garantizando, sin sombra de duda, la seguridad de alumnos, de docentes y de todo el personal.

La «nueva normalidad» no tiene nada de normal en los institutos. Se nota desde el momento en que se accede al centro. En Carril, por ejemplo, el estudiantado tenía pautada la puerta por la que debía acceder al recinto escolar. En el Cotarelo Valledor, los horarios se formularon no solo desdoblando las clases, sino escalonando las horas de entrada para evitar aglomeraciones. En la puerta, el director en persona daba la bienvenida a los alumnos y les indicaba a qué clase debían dirigirse, con la mascarilla puesta y tras impiarse las manos. Se movía la rapazada por pasillos llenos de mesas y sillas, muebles desterrados de las aulas para garantizar que en ellas los estudiantes se sientan a un mínimo de dos metros: mucho más lejos que en cualquier examen.

El director del Cotarelo Valledor reconoce que todo esto está siendo una prueba difícil, muy difícil. En el centro se han volcado con la organización de los horarios, en los que se ha dado un peso mayor a las asignaturas troncales, y que han sido trazados intentando minimizar el movimiento de personas. También en A Basella (Vilanova) se han esmerado a la hora de elaborar los horarios. En este instituto, las clases tienen ahora un aforo máximo de quince personas. Y se han llenado varias aulas porque han acudido al centro 59 chavales, «máis dos esperados, porque moitos non teñen transporte». Aún así, han buscado la forma de asistir: la selectividad los ha puesto serios, tanto en A Basella como en el Ramón Cabanillas (Cambados), donde también reconocen los docentes cierta sorpresa inicial al comprobar el alto nivel de asistencia a las clases. «Obviamente, unas asignaturas van a tener más gente que otras», explica el director. En cualquier caso, el alumnado parece interesado en volver a las clases presenciales, y eso quizás no debiera resultar tan sorprendente. Xulio Vaz, el secretario de A Basella, recuerda que los estudiantes han tenido un comportamiento ejemplar durante el confinamiento. «As clases non pararon en ningún momento, e a maioría do alumnado traballou moito. Tiveron un comportamento exemplar, e as familias tamén». 

Ahora, una pequeña parte del alumnado ha vuelto a los institutos, y en estos centros aplican todo lo que saben sobre el coronavirus para intentar combatirlo. Mascarillas, geles, termómetros, distancia social... La «nueva normalidad» escolar exige el compromiso de todos. Los centros ponen de su parte: los servicios de limpieza han cobrado un protagonismo especial y trabajan constantemente: repasan una y otra vez los pomos y las llaves de la luz, friegan las zonas comunes, desinfectan las aulas durante los ratos de descanso, limpian los baños antes y después de los recreos... Es un trabajo ingente pero necesario, que se intenta concentrar en determinadas áreas de los institutos para optimizar esfuerzos. 

Pero también los alumnos tienen su cuota de responsabilidad, y así se lo han transmitido los docentes del Monte da Vila este lunes. Días antes les habían mandado ya indicaciones sobre qué deberían hacer en el instituto y ayer se les refrescaron esas nuevas normas. La evolución de la pandemia es cosa de todos, depende de las acciones de cada uno de nosotros, y a veces lo único que se nos pide que hagamos es que nos limpiemos las manos antes de entrar en clase, que ocupemos siempre el sitio que tenemos asignado, que respetemos las distancias y los aforos en los distintos espacios, que también han sido fijados.

Todos los docentes consultados parecen estar razonablemente satisfechos por cómo han ido las cosas. «O primeiro que temos que facer é sacar este curso adiante. E, dalgunha maneira, todos sabemos que isto vai ser un ensaio para o ano que vén». El próximo curso está envuelto en dudas e incertidumbres. En el insituto Francisco Asorey recibieron a una decena de alumnos de segundo de Bachillerato. Ocuparon un aula que antes llenaba un curso de primero de la ESO con 32 estudiantes. «Son os que collen, un terzo. No instituto temos 600 alumnos, un terzo son 200... Nin facendo turnos mañá e tarde... A ver como facemos», explica el director. «Para facer desdobres non temos espacio...», apuntan desde otro instituto arousano. Y el eco de esas palabras resuena en el resto de centros de Secundaria.  Como en el Monte da Vila, donde para garantizar las distancias de seguridad a dos grupos tienen que utilizar cinco aulas y la biblioteca. «O curso que vén non sabemos como imos facer», dicen del centro. Y el espacio es solo una variable: los desdobles exigirán mucho más personal. Pero eso será el curso que viene. Por ahora los esfuerzos deben concentrarse en terminar este en las mejores condiciones posibles para todos.

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