La celebración de una misa diaria durante el período de confinamiento divide a los vecinos de Carril

Partidarios y detractores de una práctica amparada por el estado de alarma incendian las redes y movilizan a la policía

Eduardo, cura de Carril, junto a la imagen de san Roque
Eduardo, cura de Carril, junto a la imagen de san Roque

vilagarcía / la voz

El confinamiento se inició en Carril (Vilagarcía) con una estampa tan insólita como cargada de contenido simbólico. En la víspera de la implantación del estado de alarma, al anochecer, un cortejo formado por el cura de la villa arousana y cuatro costaleros jóvenes, que portaban una talla de san Roque sobre sus hombros, recorrió las calles vacías de la villa arousana, barridas por el viento y un tañido de campanas que confería a la escena un aire estremecedor. En las cinco semanas transcurridas desde entonces, todo lo relacionado con la cuarentena y los oficios religiosos ha sido objeto de controversia entre los vecinos, divididos ante la decisión del párroco de oficiar una misa diaria abierta al público. Un vídeo, grabado este fin de semana entre reproches e insultos, ha sido la gota que colma este particular cáliz.

Aunque ayer no respondía al teléfono, Eduardo Amado Brea no rehúye la defensa de su determinación. Recién aterrizado en Carril, el joven clérigo apenas sobrepasa la treintena, pero podría decirse que en muchos sentidos es un cura a la antigua usanza, que viste la sotana sin complejos. «Para los que tenemos fe, la primera ayuda a la que recurrimos es la intercesión de los santos», explicó con respecto a aquella rogativa a san Roque auspiciada por el coronavirus.

El Domingo de Resurrección, cinco personas asistieron a la misa de las doce y media. Cuando el oficio llegaba a su final, una denuncia llevó a dos patrullas del Cuerpo Nacional de Policía a las puertas de su iglesia. Los agentes comprobaron el número de fieles que se hallaban en su interior y el respeto a una distancia mínima entre ellos. No era la primera vez que ocurría. «En otras ocasiones que han venido hemos hablado. Esta vez ni me dio tiempo. En realidad, no debería haber ningún problema mientras evitemos aglomeraciones y guardemos esa distancia de seguridad», argumentó el párroco.

El decreto del 14 de marzo que regula el estado de alarma lo ampara: a excepción de los funerales, la asistencia a lugares de culto se admite siempre que el número de participantes sea razonable, en función de las dimensiones del templo, y estos respeten un margen de separación seguro. El arcipreste de Arousa, José Aldao, insiste en ello: «Eu recomendo que os oficios se fagan a porta pechada ou, como moito, entornada, pero a norma permite esa misa que dá Eduardo, un crego moi comprometido, que exerce como capelán do hospital cando se lle pide e traballa como voluntario en Cáritas. Eu tamén faría o mesmo se non fose porque me acaban de operar».

Claro que una cosa es lo que establece el decreto y otra lo que algunos vecinos ven correcto: «Deberían ser consecuentes e conscientes de que esta é unha situación moi grave, que require que todos quedemos na casa ao máximo, e eles poden seguir a misa pola radio ou Internet», razona una mujer. La violencia verbal con la que concluye el vídeo, que muestra a siete personas abandonando la iglesia de dos en dos, alguna de las cuales no duda en responder con voces y gestos a su airado autor, la alejan de quien difundió la grabación a través de unas redes sociales incendiadas. «Pero co fondo estou de acordo; non debería ser», zanja.

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