Salvoconducto arlequinado para sobrellevar el encierro con los suyos

Joel Sanabria comparte desde el primer día el confinamiento con su familia en Sitges, y Pedro Beda viajó a Brasil


Vilagarcía / La Voz

Cuando el presidente del gobierno central, Pedro Sánchez, anunciaba el decreto de estado de alarma que mantiene al grueso de la población española confinada en sus hogares desde el 14 de marzo, eran ya muchos los que se temían que la cosa fuese mucho más allá de los quince días inicialmente marcados. En la víspera, el entrenador del Arousa, Rafa Sáez, comunicaba a sus jugadores la decisión del club de suspender los entrenamientos del equipo hasta nuevo aviso, antes de saber que regresar al trabajo dejaría de estar en sus manos en cuestión de horas. En esa sesión «el míster se acercó a mí y me preguntó si me iba a quedar, o me iba a ir. Le dije que si había cuarentena, quería pasarla con mi familia». Y el sábado en el que la vida de los más de 47 millones de españoles empezó a cambiar, el delantero arlequinado Joel Sanabria cogió un vuelo a Barcelona con permiso del club vilagarciano para reencontrarse en Sitges con su madre, su hermana, y sus dos hermanos pequeños. Su otro hermano, Toni, jugador del Genoa de la Serie A del fútbol italiano, lleva una semana más enclaustrado en el país transalpino, junto a su mujer y su bebé de apenas tres meses.

A 40 kilómetros de Barcelona, tras Madrid y por su tamaño el otro gran punto de impacto del coronavirus COVID-19, Sitges vive una situación mucho más desahogada. Ayer mismo se informaba de que la localidad de la familia de Sanabria, con 39 casos, registra la mitad de porcentaje de positivos que la media de Cataluña.

No obstante, el futbolista, que llegaba al Arousa en las últimas jornadas del pasado mercado de invierno procedente del Gerena andaluz, mostraba su preocupación por el estado de cosas: «Desde que empezó el confinamiento solo he salido una vez al súper. Fui con guantes, mascarilla, y al volver me quité toda la ropa y las zapatillas para lavarlas». Más allá de eso, «saco una vez al día a nuestros dos perros».

Respecto al confinamiento, lo cierto es que a Joel no le cuesta demasiado. Al contrario. «Con 13 años me vine de Paraguay con mi familia, y a los 15 ó 16 marché de casa por el fútbol, a los juveniles del Sporting de Gijón, en los que estuve dos años». Después empezó su etapa sénior en el Sporting B, donde tras una temporada pasó al Mérida, jugando también en el Móstoles, en el Gerena y actualmente en el Arousa; en los cuatro equipos, media campaña. «De lo malo, intento sacar algo bueno», dice el futbolista. «Hacía mucho que no pasaba tanto tiempo con mi familia». Y, confiesa, «no me aburro. Mis dos hermanos pequeños tienen 7 y 12 años, y mi hermana 23, y pasamos el tiempo bromeando, bailando... Somos cuatro, y estamos todo el día riéndonos».

Eso, y en el caso de Joel, entrenándose también. De 2 a 3 horas diarias, en dos sesiones, siguiendo los dictados del preparador físico del Arousa, ayudado por la disponibilidad de un patio, y animado por hacer el trabajo junto a su hermana, a la que «siempre le ha gustado del deporte», y que a veces «se viene arriba» exigiéndole incluso un plus de esfuerzo. «De momento, no he notado pérdida de forma», afirma Joel.

Con su padre y el resto de su familia en Paraguay «más preocupados por nosotros que por ellos allá, donde están bastante tranquilos», Joel está en contacto periódico con el Arousa. Lo hace esperando que «esto dure lo menos posible» y volver a ayudar al equipo a regresar a la promoción a Segunda B más de un cuarto de siglo después. Porque él lo tiene claro: «Esta Liga se tiene que acabar. Y si hay que jugar hasta julio para que así sea, habrá que hacerlo».

Permiso hasta 15 días antes del hipotético reinicio de la Liga

La última semana de marzo, Pedro Beda cogía un avión rumbo a su país natal, Brasil. Como su compañero Joel Sanabria, con permiso del club. Desde el Arousa explicaban ayer la marcha del pichichi del equipo por la necesidad de arreglar unos asuntos personales. Ambos delanteros tienen, como el resto de los futbolistas del Arousa que pasan el confinamiento fuera de Vilagarcía en sus domicilios familiares, licencia de la entidad hasta quince días antes de la fecha de una hipotética reanudación de la Liga. Un reinicio que, por las recientes palabras del presidente de la Real Federación Galega de Fútbol, Rafael Louzán, se producirá sí o sí, más temprano o más tarde.

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