Los gallegos manejan bien el paraguas

En la España seca, los viandantes son un peligro cuando llueve y practican «paragüing»


redacción / la voz

Ha empezado a llover en la España seca y he empezado a echar de menos Galicia. Mi morriña no tiene nada que ver con la sonoridad antigua de las gotas de agua repicando sobre las piedras viejas de Santiago de Compostela ni con el lirismo de una mañana húmeda de lluvia mansa en la ría de Arousa. No, nada de poesía, pura prosa, realismo sucio... Cuando llueve en la España seca, echo de menos Galicia porque mis convecinos no saben caminar con paraguas y cada vez que salgo a la calle en medio de un chaparrón, corro riesgos variados: que me saquen un ojo, que me claven una varilla en la calva al tiempo que me quitan las gafas con esa misma varilla, que me den un paraguazo, que me echen de la acera a la calzada justo cuando pasa un coche, que me pongan perdido de agua...

Si hubiera campeonatos de caminar con paraguas, los gallegos ganarían de calle porque ya nacen aprendidos. Un gallego maneja el paraguas con la misma destreza natural con que un chino domina los palillos. Para empezar, en Galicia no se saca el paraguas porque sí, en cuanto caen dos gotas, sino cuando de verdad es necesario, es decir, si diluvia en condiciones, no si orballa dulcemente. Mientras la lluvia se desgrana en verso, basta con la capucha o con guarecerse debajo de los balcones al caminar. Solo cuando las nubes se descomponen en dramáticos chaparrones, se sale a la calle con paraguas, un acto que debería considerarse deporte y, al igual que al correr lo llaman running y al pedalear le dicen cycling o spinning, al caminar por las aceras con paraguas deberían bautizarlo como paragüing. Y en ese deporte, Galicia sería una potencia mundial.

Una potencia mundial

En mi ciudad, Cáceres, las aceras son un peligro los días de lluvia porque somos unos negados para el paragüing. Los extremeños estamos muy preparados para combatir el calor (bajamos las persianas, cerramos las ventanas, no salimos a la calle entre el mediodía y el anochecer), pero somos una calamidad protegiéndonos de la lluvia. En la España seca, deberían impartirse cursos de Paraguología con profesorado gallego. No crean que no hay temas para una programación.

Tema 1: ¿Qué paraguas debemos comprar? En Extremadura, gustan mucho esos pequeños que se guardan en una funda, pero son más estorbo que solución al no poderse enfundar ni sacar de casa si están mojados. Los automáticos son de rápido manejo, pero como se averíe el mecanismo, es mejor tirarlos. Un paraguas grande es bueno para pasear por el campo, pero nefasto para caminar por la acera. El mejor paraguas es el de doble varilla, apertura tradicional, tamaño medio y color discreto, que sirva para hombres y mujeres.

Tema 2: ¿Cuándo debemos sacar el paraguas de casa? En Extremadura, tiramos de él en cuanto caen cuatro gotas. En Galicia, me acostumbré a sacarlo solo en caso de diluvio. Si llovizna, te mojas menos con un chubasquero con capucha que con un paraguas. Llegamos al Tema 3: ¿Cómo debemos llevar el paraguas si no llueve? Punto primero: si no llueve, no hay que llevar paraguas. Punto segundo: si aun así, lo sacamos de casa por si acaso, la mejor manera es portarlo como los campesinos gallegos, colgado del chambergo a la altura del cuello. Es decir, se lleva el paraguas a la espalda. Esto es raro en Extremadura y cuando lo he hecho, no me he librado de chanzas ni burlas, pero es lo más práctico.

Tema 4: ¿Cómo se lleva un paraguas abierto? Pues se lleva atendiendo a los viandantes que vienen de frente, subiéndolo y bajándolo para evitar trompazos. En las esquinas, hay que agarrarlo con fuerza para impedir los volteos sorpresa, y en pareja, mejor dos bajo el paraguas: amándose bajo la lluvia no se monopoliza la acera. Es importante el Tema 5: ¿Qué debemos hacer con el paraguas en el bar? En Galicia, no se debe dejar en el paragüero, aunque tampoco es muy grave porque hay una tradición no escrita de trueque de paraguas: yo te quito el tuyo y tú se lo quitas a otro. En la España seca, coger el paraguas de otro está tipificado popularmente como delito grave. Otro aviso: en Galicia, si no dejas el paraguas en el paragüero, el camarero te riñe; en la España seca, será por la falta de costumbre, el camarero pasa.

La grave pérdida

Y un aviso o apéndice al temario: en Galicia y en Extremadura, si llega usted a casa con un paraguas mojado, su pareja le echará una bronca si lo deja en cualquier sitio. Solo se librará si lo coloca abierto en la bañera o la ducha. También le caerá una buena si pierde el paraguas. En ese punto, las estadísticas dicen que te van a reñir más si vives en Vilagarcía. En Cáceres, con una media de menos de 120 días de lluvia anuales, los ciudadanos pierden dos paraguas a lo largo de su vida; en Vilagarcía donde llueve más de 120 días al año, se pierden cinco paraguas por persona-vida. Eso quiere decir que hasta que acabe este siglo, los extremeños perderemos dos millones de paraguas y los gallegos, cerca de quince millones. Como ven, la Paraguología es una materia que da para mucho.

En Extremadura, deberían impartirse cursos de Paraguología con profesorado gallego

En el Sur, llevarse un paraguas es delito grave; en Galicia, tú me quitas, yo te quito

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