Una bronca por la venta de heroína y la posesión de un perro acaba a tiros en Vilagarcía

La policía busca a un hombre que propinó a su contrincante un golpe en la cabeza con la culata de una pistola que se disparó


Vilagarcía / La Voz

El Cuerpo Nacional de Policía busca desde el sábado a un individuo por su implicación en una bronca que acabó a tiros en pleno centro de Vilagarcía. El hombre, de origen dominicano, asegura tener la intención de entregarse en la comisaría de la capital arousana. Su versión de lo ocurrido apunta a un conflicto relacionado con la venta de heroína y la posesión de un perro de raza, que por lo visto le fue arrebatado y quiso recuperar.

El episodio se desarrolló sobre las cuatro de la tarde, en un apartamento del entorno de la plaza de la Independencia. «Este hombre pertenece a una familia colombiana que se dedica a vender heroína y cocaína; mi sobrino, que era un muchacho trabajador, está enganchado y hecho un desastre; no deja de robarnos cosas para cambiarlas por droga», explica entre lamentos el autor de la agresión, tras insistir en que su voluntad es ponerse en manos de la policía.

La última de las pertenencias que su pariente heroinómano le sustrajo fue un perro de raza. Este robo fue la gota que colmó el vaso: «Así que el sábado me fui a su casa para pedirle que nos dejase en paz, que no le volviese a vender heroína a mi sobrino y que me devolviese mi perro».

A la vista de cómo se desarrollaron las cosas, aquella visita no fue, precisamente, una buena idea. El protagonista del suceso asegura que se sentó frente al tipo al que había ido a buscar, y que este puso encima de la mesa una bolsa con una cantidad en absoluto despreciable de lo que parecía ser cocaína, además de una pistola de nueve milímetros. «Sé de armas, porque he sido militar, pero yo nunca las he necesitado, esa pistola no era mía», apunta el Dominicano ?así es como se le conoce en Vilagarcía? para reconocer que en un momento dado, presa del nerviosismo y el enfado, cogió la pistola y le propinó a su oponente un fuerte culatazo en la cabeza: «El arma se disparó y, aunque el tiro no hirió a nadie, me asusté, deje caer la pistola y salí corriendo». El relato concluye con una petición: «Mi mujer, mis hijos y mi padre de 82 años dependen de mí, y yo trabajo en el mar y a veces como jardinero para cuidar de ellos, pero quiero que esto se sepa para que le pongan fin». La policía está en ello.

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