La última mohicana no baja el telón

Eva Conde mantiene abierto el videoclub Vilagarcía y el negocio parece que resucita


vilagarcía / la voz

«Hace unos días entró una madre con su hijo para enseñarle qué era un videoclub porque pensaba que ya no existían esas cosas. Y el hijo preguntaba: ‘Mamá, ¿pero todo esto se puede ver? Sí, claro que se puede ver. Me gustó que viniera, porque las madres a veces tiran de Internet o del Clan y listo». Son palabras de Eva Conde, que lleva nada menos que quince años al frente del Videoclub Vilagarcía. El videoclub, un local que comienza a ser una rareza. Lo suficientemente raro como para que una madre lleve a su hijo a verlo como si fueran a los petroglifos de Bamio.

No es para tanto la cosa, sin embargo,. Entramos en el videoclub Vilagarcía, que está situado en una de las travesías de Alejandro Cerecedo, el jueves a primera hora de la tarde. Hay ambientillo. Varios clientes se llevan deuvedés y Eva soluciona cualquier duda que puedan tener. Podríamos decir que es la crítica cinematográfica del local y que, desde luego, tiene predicamento entre sus clientes porque le hacen caso. «Si me dices que esta es parada cojo otra», se escucha en el establecimiento. «Normalmente llegan y me preguntan, ¿qué me recomiendas? Clientes ya de siempre. Y los que llegan recomendados por ellos también me preguntan», explica Eva.

En las estanterías se pueden ver las últimas novedades, las series más conocidas y también juegos de consola, que han servido de clavo ardiendo en los peores momentos. No hay cine X, aquel espacio que tanto éxito tenía en los 90, y que ahora supondría un engorro para un videoclub porque necesitarían de un reservado «y los niños son muy pillos», bromea Eva.

Cinco mil referencias

En total, alrededor de cinco mil referencias. Básicamente en formato de alquiler, aunque también gestiona compras, pero solo cuando se lo piden. «Antes teníamos vitrinas, pero las compañías no te recogían la mercancía, así que ahora trabajamos bajo pedido», apunta.

«Aún entra gente», explica Eva, que muestra su esperanza porque, lejos de lo que se pudiera creer, entre su clientela hay una buena dosis de juventud: «Vienen pandillas de chavales y chavalas para alquiler un deuvedé y ver su película en casa».

«Vamos aguantando, aunque las obras de la calle nos afectaron porque fueron durante los meses en los que yo suelo remontar. Porque a partir de febrero la cosa ya va a menos porque los días son más largos», destaca Eva.

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