Los carteristas hacen su agosto en enero

Tras una temporada sin que se detectara su presencia, los ladrones han regresado al mercado de Vilagarcía


vilagarcía / la voz

Llevaba el mercado vilagarciano unos meses de relativa tranquilidad, pero los carteristas han regresado y están haciendo de las suyas de nuevo. El sábado, no menos de una docena de personas se encontraron con la desagradable sorpresa de que su cartera había desaparecido misteriosamente. Los ladrones habían hecho su agosto en pleno mes de enero.

Siempre puede aparecer algún elemento nuevo, pero los cacos están plenamente identificados. Sin embargo, es muy difícil pillarlos con las manos en la masa porque conocen perfectamente su oficio y están muy bien organizados. Muchas veces son los propios vendedores los que ponen en alerta tanto a los funcionarios municipales que trabajan en la plaza de abastos de Vilagarcía como a sus propios clientes. El mítico grito de «vixíade as carteiras» no resuena porque sí en la plaza de Vilagarcía.

No es fácil pillarlos en plena faena. Veteranos clientes de la plaza de abastos solamente recuerdan una ocasión, hace ya varias años, en los que a punto estuvieron de caer in fraganti. Fue tras la denuncia de una pareja joven que vio como, tras birlarle una cartera a una persona mayor, una mujer se metía en una tienda a toda prisa. La policía llegó con rapidez pero los ladrones ya habían dado el cambiazo y consiguieron irse de rositas.

Las aglomeraciones son su escenario favorito. De ahí que prefieran actuar en mercados que se celebran en fechas especiales, como el del pasado sábado, en víspera de Reyes. Y prefieren también los espacios cerrados, como la plaza del pescado por ejemplo, en el que un pasillo ya angosto de por sí se estrecha todavía más por la presencia de muchos clientes, y los tropezones son habituales.

No necesitan mucho más. Se ha dado el caso de alguna mujer que decía que llevaba el bolso cerrado y bajo el brazo y se encontró poco después con la cremallera abierta y la cartera desaparecida. Tampoco tienen una preferencia por una edad determinada. Es verdad que la gente mayor suele estar en su punto de mira, porque los despistes a la hora de vigilar el bolso pueden ser más factibles, pero están a la que salta. Los compradores más jóvenes también deben estar alerta.

Los ladrones quieren deshacerse de las pruebas cuanto antes y de ahí que únicamente les interese el dinero que lleve en metálico su víctima. Tan pronto lo tienen en su bolsillo tiran la cartera. A veces en las papeleras o contenedores y otras directamente en el suelo.

A partir de ahí aparece la colaboración ciudadana. Quien las encuentra las suele entregar bien a los funcionarios municipales o bien directamente a la policía. Si el afectado guarda en ella su documentación o incluso su número de teléfono, la localización es prácticamente momentánea. Eso ahorra, al menos, los farragosos trámites que suponen perder la documentación y las tarjetas bancarias. Eso sucede en el mejor de los casos. A veces no aparecen.

En todo caso, y una vez que se ha detectado de nuevo su presencia en Vilagarcía, la prudencia debe ser la mejor asesora a la hora de hacer las compras porque, de otro modo, es probable que media docena de rapantes acaben costando tanto como un par de kilogramos de camarones.

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