La ilusión más real inunda Vilagarcía

Melchor, Gaspar y Baltasar recorrieron unas calles abarrotadas de gente de todas las edades


Vilagarcía / La Voz

Dicen que los niños nunca tienen frío. Y algo de verdad debe de haber en ese dicho, porque cuando la oscuridad acababa de caer sobre Vilagarcía y la temperatura parecía ser capaz de cortar, un fenomenal ejército de infantes salió a la calle para esperar ?de pie, sentados en sus sillas, en el colo de sus padres? a los Reyes Magos. No había quejas por el frío, ni por las horas, ni por la espera. «Ya están llegando, ya están llegando», decían muchos padres, tan radiantes de ilusión como sus retoños.

A las siete de la tarde, una pequeña tirada de fuegos iluminó el cielo de O Cavadelo para advertir de que la comitiva real estaba a punto de abandonar el auditorio de Vilagarcía, donde Melchor, Gaspar y Baltasar habían descansado un rato tras su agotador viaje desde Oriente y después de una primera parada en la residencia Divina Pastora. Con una puntualidad británica ?a fin de cuentas, estamos en tierra de ingleses?, la comitiva echó a andar. Como siempre, una pequeña estrella marcaba el camino. Tras ella, rotundos, aunque desarmados y sin caramelos, los legionarios del ejército romano formado por los jugadores del equipo de rugbi local iluminaban la noche con antorchas.

Luego comenzaron a pasar los cortesanos de Melchor, vestidos con ricos trajes orientales. «Ya están llegando, ya están llegando», seguían diciendo los padres a los niños que, desde la atalaya de sus brazos, asentían con la cabeza, con los ojos fijos en la iluminada carroza que ya se veía a lo lejos. «¡Es Melchor!», gritó una pequeña ?¿qué tendría, tres años??. Y seguro que no había más alegría, mezclada con ilusión y alivio, en el grito del vigía que descubrió América.

Con la carroza real llegó la primera lluvia de caramelos. El Concello había prometido 3.500 kilos de dulces y, con semejantes reservas a su alcance, tanto Melchor ?que por cierto, ha cambiado de imagen desde el año pasado? como sus ayudantes lanzaban chucherías a diestro y siniestro. A su paso, pequeños y mayores se arremolinaban, inclinados, sobre el suelo, dispuestos a capturar cuantos más caramelos masticables, mejor. Porque de todos es sabido que los dulces que acompañan a los Reyes Magos tienen un sabor especial, un aquel particular que los hace irresistibles.

Esa imagen iba a repetirse hasta el infinito, porque también Gaspar y Baltasar fueron generosos en la práctica del lanzamiento de dulces. A fin de cuentas, Vilagarcía también había sido muy generosa con ellos: no solo salió a recibirlos en masa, sino que un buen número de colectivos sociales y culturales de la ciudad habían invertido tiempo y esfuerzo para prepararles una cabalgata a la altura de sus dignidades.

Poco antes de las ocho de la tarde, cuando la gran marcha avanzaba por el centro de la ciudad, en Ravella ya se había dado cita una pequeña multitud que cantaba sin cesar el tradicional saludo a los Reyes fraguado por Carlos Puga, el paje real por excelencia. No iban a tardar en llegar. A las ocho, los protagonistas indiscutibles de la noche ya estaban en el Concello, disfrutando de su popularidad. Los niños, tranquilos tras haber comprobado que no había habido incidencias en el viaje, pensaban ya en las sorpresas que aún tenía pendiente la noche.

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